Japeto, las dos caras de una misma luna
Jesús
Salvador Giner |
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Encontramos a veces
en el Sistema Solar algunos cuerpos que sorprenden por lo
inusual de sus características. En la familia de
Saturno hay ciertos mundos que han llegado a obsesionar
a los planetólogos porque nunca se había visto
nada igual en otras partes y porque siguen guardando muchas
incógnitas que no parecen fáciles de resolver.
Japeto es uno de ellos. |
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orría
el año 1671. El astrónomo Gian Doménico Cassini
(1625-1712) había llegado a París hacía poco
tiempo como reconocido observador, y en ese mismo año de 1671
fue nombrado director del Observatorio de la capital gala. Como Saturno
era el centro de atención por los hallazgos de Huygens en relación
con anillos de este planeta (había convencido a la comunidad
científica con sus ideas sobre un anillo sólido que
circunda al planeta y no lo toca en ninguna parte), Cassini también
se dedicó a observarlo y a intentar discernir algún
detalle del planeta, o tal vez, otros satélites que eventualmente
pudieran orbitarle (en 1655 el mismo Huygens había localizado
a Titán).
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Retrato
de Gian Doménico Cassini (1625-1712), el descubridor
de Japeto.
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En efecto, Cassini fue capaz de observar un tenue punto bastante más
alejado de Saturno que Titán. Al comprobar durante unos cuantos
días que el punto no estaba estático, sino que parecía
circunvalar a Saturno, Cassini se convenció que había
descubierto otra luna del planeta. Hay que tener en cuenta que nos
encontramos en un año tan lejano como 1671, es decir, poco
más de medio siglo después de la invención del
telescopio. El nuevo mundo que halló Cassini era poco brillante
(magnitud 10,2 en las mejores condiciones), lo que dice mucho acerca
de la capacidad visual del astrónomo y de la evolución,
lenta pero continua, en materia de óptica.
El nuevo mundo, la segunda luna de Saturno, fue bautizado con el nombre
de Japeto, hijo de Urano y Gaia, y cuya mujer, Clymene, le dio cuatro
hijos (tres de los cuales, Atlas, Prometeo y Epimeteo darían
su nombre a otros tantos satélites menores de Saturno, descubiertos
gracias a las imágenes de la sonda Voyager 1).
Un aspecto curioso era que Japeto, según observó Cassini,
modificaba su brillo a medida que iba recorriendo su órbita
alrededor de Saturno. De hecho, había un momento en que sólo
era visible cuando estaba "a un lado" de la órbita,
y cuando se situaba en el opuesto apenas era distinguible del fondo
del cielo. Esto llevó a pensar a Cassini que Japeto, al igual
que los satélites galileanos respecto a Júpiter y la
Luna respecto a nuestro planeta, mostraba siempre la misma cara a
Saturno. Así es, en efecto, pero al parecer esa diferencia
tan marcada de brillo no era sólo consecuencia de la variación
orbital de Japeto, sino que podría deberse a que en la superficie
del mismo satélite había "algo" que oscurecía
un hemisferio. No sabemos a ciencia cierta si Cassini tuvo esta idea
de la dicotomía de Japeto (aunque al parecer sí
que pensó acerca de ello, creyendo que podría deberse,
acertadamente, a una diferencia de la capacidad de la superficie para
reflejar la luz solar). En cualquier caso, los avances en el conocimiento
de la superficie de la luna deberían esperar hasta 1980, tres
siglos después. Hasta entonces, los astrónomos no podían
saber mucho más de Japeto, excepto sus características
orbitales y algunas otras de carácter físico (tabla
1). |
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Tabla 1:
Principales Datos de Japeto
Descubridor: Giovanni Domenico Cassini
Fecha del descubrimiento: 1671
Masa (kg): 1.88e+21
Masa (Tierra = 1): 3.1459e-04
Radio ecuatorial (km): 730
Radio ecuatorial (Tierra = 1): 1.1446e-01
Densidad media (gm/cm^3): 1.21
Distancia media a Saturno (km): 3,561,300
Periodo de rotación (días): 79.33018
Periodo orbital (días): 79.33018
Velocidad orbital media (km/seg): 3.27
Excentricidad orbital: 0.0283
Inclinación orbital (grados): 14.72
Velocidad de escape (km/seg): 0.586
Temperatura media en superficie: 85 K (-193ºC)
Albedo visual medio: 0.2
Albedo extremo: 0,04-0,5
Magnitud (Visual): 10.2-11.9
Composición superficial: Hielo de H2O,
CH4 y NH3 |
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Mirando los datos que tenemos sobre Japeto, hay especialmente
seis que destacan. En primer lugar, el radio del satélite no
es reducido; de hecho, es poco menos que la mitad del lunar (figura
2). No estamos pues ante un mundo de pequeñas dimensiones.
Si en efecto la variación de brillo de Japeto es real, será
debido a una característica superficial de tamaño bastante
grande.
Otra información relevante es la de la densidad. Japeto sólo
supera por poco la densidad del agua (1 gr/cm3),
lo cual nos viene a decir que esta luna apenas posee rocas en su constitución.
Estaría formada prácticamente toda de agua y hielo de
agua y en su interior destacaría la inexistencia de un núcleo
sólido de importancia. No sabemos cómo serán
las capas internas de Japeto, pero está claro que no se parecerán
a las de la Tierra, con un formidable núcleo de hierro y un
manto que ocupa el 80% de todo el volumen terrestre. Por algo las
lunas de Saturno han sido denominadas en conjunto como los "satélites
de hielo". |
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Puede también apreciarse cómo el periodo
de rotación de Japeto sobre sí mismo y el de translación
alrededor de Saturno son idénticos, confirmando la observación
realizada por Cassini en 1671. Un aspecto de la órbita que
destaca bastante es la inclinación, de casi 15º. Esto
quiere decir que Japeto no tiene la órbita en el plano del
ecuador de Saturno, como los otros satélites del planeta anillado
(excepto Febe), sino que está ladeada. ¿Cuál
puede ser el motivo de esta inclinación? No tenemos aún
una idea clara de la razón, pero tal vez esté relacionada
con un impacto meteorítico, como veremos más adelante.
Por último nos referiremos al albedo, que no es más
que la cantidad de luz solar que, una vez alcanza a la superficie
de un cuerpo planetario, es devuelta al espacio. Todos los cuerpos
del Sistema Solar poseen albedo, ya que ninguno de ellos emite luz
propia (excepto el Sol, por supuesto) y depende de la capacidad de
reflejar la del Sol si serán intrínsecamente más
o menos brillantes. Cuando el albedo de un asteroide es cercano a
0, queremos decir que su superficie es muy poco reflectante, que sería
casi como si estuviera formada por entero de material negro, como
el carbón, que absorbe la mayoría de la luz que recibe.
Por contra, un mundo con albedo de 1 sería extraordinariamente
brillante, como si su superficie fuera hielo puro. En el caso particular
de Japeto, su albedo entra dentro de la categoría de variable,
pues nos encontramos con un cuerpo que, en uno de sus caras presenta
un albedo de 0,04, es decir, negro profundo, y en cambio la parte
posterior del satélite (la que nunca muestra a Saturno) es
bastante luminosa, con un albedo de 0,5 (la Tierra tiene un albedo
medio de 0,37). Veremos más adelante por qué Japeto
tiene un albedo tan poco uniforme.
Todos estos datos sobre Japeto fueron confirmados, corregidos o aportados
exclusivamente por la llegada al sistema de Saturno de dos sondas
gemelas, las Voyager. Lanzadas en 1977, fue la Voyager 1 la que antes
alcanzó al planeta anillado, consiguiendo por fin las primeras
imágenes del satélite que evidenciaron la diferente
luminosidad de sus dos caras (figura 3). Eran tan distintas que costaba
creer que pudieran pertenecer a un mismo mundo. Casi parecía
que habían cogido dos pedazos de roca interplanetaria antagónicas
y las habían unido formando a Japeto, para perplejidad de los
científicos planetarios. |
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| El 19 de junio de 1981 le tocó el turno de sorprender
a la Voyager 2. Con las 110 fotografías que envió de
Japeto se pudieron elaborar mapas bastante detallados de la superficie
del satélite, que destacaban por encima de todo una gigantesca
región oscura abarcando el ecuador de Japeto. Un 20% de la
luna nos es desconocido aún, pero ya tenemos suficiente material
como para estudiar a Japeto (figura 4), al menos en términos
básicos. |
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A nivel general, Japeto posee una superficie dicotómica,
es decir, está dividida en dos partes. Esto resultó
evidente como hemos dicho incluso con las primeras observaciones telescópicas.
Pero los datos de las Voyager revelaron que la diferencia entre las
dos caras de Japeto es muy considerable. Sólo en relación
con el brillo, la parte brillante de la luna es seis veces más
brillante que la oscura, algo que debe responder por fuerza a una
composición superficial distinta. A grandes rasgos, la superficie
de Japeto se halla dividida por estas dos zonas; la brillante corresponde
a la región de Roncesvalles, mientras que la cara oscura ha
recibido la denominación de Cassini Regio, en honor al descubridor
de esta luna. Más adelante comentaremos con mayor detalle las
características de la región oscura, por supuesto la
más interesante y enigmática de Japeto. Detengámonos
ahora un instante para describir los cráteres que presenta
esta luna de Saturno, y que prácticamente todos están
situados dentro de los límites de Roncesvalles.
Esta gran extensión (abarca nada menos que 1200 kilómetros
en la superficie japetoniana) debe ser muy antigua, ya que hay una
gran cantidad de cráteres en su seno. En planetología,
una manera indirecta de calcular la edad de una superficie se basa
en contar el número de cráteres en una parte de esa
superficie. Si hay muchos cráteres, incluso unos encima de
otros, y están un poco "borrados", ello es indicio
de que esa superficie tiene muchos miles de millones de años,
porque es en esa época cuando se produjo un bombardeo incesante
de meteoritos y pequeños asteroides que no se habían
acumulado para formar el Sol o los planetas y que chocaban sin parar
contra estos mundos recién nacidos. Roncesvalles Terra posee
muchos cráteres y debería ser, pues, una región
no modificada en exceso desde los primeros tiempos del Sistema Solar.
Los mayores cráteres en esta parte de Japeto corresponden a
Marsilion, Oliver, Ogier, Carlomagno Geboin y Basan (con 136, 113,
100, 95, 81 y 76 kilómetros, respectivamente). Muchos de ellos,
entre los cuales el mismo Basan, Hamon (96 kilómetros), Grandoine
y Baligant (ambos de 65 kilómetros de diámetro) están
como recubiertos por un material oscuro; muy probablemente han sido
rellenados, de alguna manera, por el mismo elemento que recubre la
parte oscura de Japeto. Encontrar los cráteres repletos de
este material resulta muy importante para dilucidar el origen del
mismo, como comentaremos más adelante. |
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La gran mayoría de los grandes depresiones de
Japeto poseen pico central, característica habitual en los
impactos de dimensiones mayores a la media. Basan, Grandoine y Baligant
no lo presentan, debido lógicamente a estar rellenados por
el material oscuro.
Carlomagno ostenta una peculiaridad, y es la de estar cruzado desde
al sur hasta el noreste por un largo escarpe. De hecho, esa falla
o cresta (tal vez sea una elevación debida a compresiones de
la corteza de Japeto en épocas primordiales) tiene una longitud
de más de un centenar de kilómetros, atravesando el
citado Carlomagno y llegando incluso hasta Ogier.
Entre la Roncesvalles Terra y la Cassini Regio se encuentra una zona
que no ha sido fotografiada con la suficiente resolución como
para que se destaquen todos sus detalles. Aun así, se pueden
observar Turpin y Othon, dos cráteres de idénticas dimensiones
(86 kilómetros de diámetro). Sin embargo, lo que sin
duda más destaca son las dos estructuras gigantescas que se
distinguen perfectamente pese a la baja resolución alcanzada
(en la figura 5, cerca del centro del mapa). La mayor de las dos,
de unos 300 kilómetros de diámetro, posee unos bordes
muy definidos y oscuros. De ella parecen radiar tres largas "colas",
de tonalidad también oscura, y que parecen morir en otros tantos
cráteres de pequeñas dimensiones (aunque no hay seguridad
plena de que sean cráteres convencionales).
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| Figura 6: Mapa estereográfico
de la región polar norte de Japeto efectuado en base
a imágenes de la sonda estadounidense Voyager 2. Cubre
latitudes de 65° a 90°. |
Especulando sobre su naturaleza, y siempre en base a los mapas obtenidos
por el USGS estadounidense, tal vez la estructura mayor, casi en contacto
con Cassini Regio, estuvo rellena del material oscuro (en la actualidad
presenta una base exenta del mismo) y posteriormente fue "cediéndolo"
a los tres supuestos cráteres y a otras zonas. Pero esto es
una especulación fácil y poco consistente, y no explica,
por ejemplo, cómo se ha conseguido el "transporte"
del material o por qué el fondo de la estructura está
hoy desprovisto del oscuro elemento. De todos modos, hasta que no
dispongamos de mapas más elaborados no podremos tener seguridad
máxima de cuál es la naturaleza auténtica de
los tres senderos oscuros, si es que en realidad existen y no son
solamente una interpretación en base a las imágenes
de la Voyager 2. La estructura menor, de algo más de 200 kilómetros,
no ha sido captada con la misma definición, y parece una copia
menor de su vecina.
Aunque la zona polar norte entra dentro de Roncesvalles Terra, no
hemos hablado de ella hasta ahora porque quedaba fuera del mapa de
la figura 5. En el polo norte de Japeto (figura 6) encontramos los
cráteres catalogados de mayores dimensiones de Japeto.
Los dos cráteres mayores son Roland y Milon (144 y 120 kilómetros,
respectivamente), pero en realidad cuando obtengamos mejores mapas
de Japeto se descubrirán otros de mayor tamaño, y con
seguridad Roland dejará de ser el protagonista en cuanto a
dimensiones. |
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