Página Espacial
Bienvenido. Estamos en la Web desde el 12 de Julio, 2003. Nos encontramos...!
     
Mensaje Sitio Oficial Carl Sagan
 
Evidencias de hielo de agua
La propia sonda Galileo fue quien nos permitió ir más allá en nuestras especulaciones sobre las características de Europa al mostrarnos una serie de evidencias, o al menos de indicios, de lo que parecen ser bloques de hielo suspendidos sobre un sustrato sólido (figura 4). Los bloques están rotos a grandes pedazos y casi parecen vagar de un sitio a otro, como icebergs gigantescos. Para que en verdad haya "movimiento" de estos bloques en periodos largos de tiempo se hace necesaria la existencia de algún tipo de capa inferior lubricante que permita el desplazamiento de estas moles heladas, cuyas mayores dimensiones oscilan en torno a la decena de kilómetros o incluso más. Obviamente, un lubricante debe encontrarse en estado líquido, y lo más probable es que se trate de agua, dada la considerable presencia de este elemento en Europa. Lo mismo sucede en el caso de las placas tectónicas terrestres, en donde grandes bloques sólidos se mueven unos en relación con los otros gracias al empuje y a la existencia de las corrientes de convección del interior del planeta, que pese a ser de naturaleza sólida (lo sabemos gracias a las medidas sísmicas), se comportan como un fluido. En Europa podría existir un tipo de movimiento similar, en el que grandes y profundas corrientes actuaran de forma que permitiera el desplazamiento de los bloques de hielo superficiales. Cuando en la primavera de 1997 científicos de la NASA sugirieron la presencia de un océano líquido debajo de la espesa costra helada de Europa ofrecieron esta imagen (figura 4) como indicio más que plausible de su existencia (ver más adelante). Desde entonces han sido muchos estudios los que nos hablan de que, en efecto, en el interior de esta luna hay "algo" cuya naturaleza permite la aparición de bloques sólidos de hielo de enormes dimensiones y que, con el tiempo, se despedazan y circulan libremente entre la maraña de otros bloques, estrías, cráteres y terrenos caóticos.
Europa, una década después de la Galileo
Figura 4: una de las fotografías más importantes de Europa que nos ha proporcionado la sonda Galileo ha sido ésta, en la que se aprecian lo que parecen ser grandes bloques de hielo en suspensión. Algo muy similar es observable en la Antártida, por ejemplo, lo cual nos sugiere que muy posiblemente bajo la espesa costra de hielo de Europa pueda haber algún tipo de océano líquido. La imagen cubre un campo de 42 kilómetros de ancho (NASA-JLP)
Terrenos caóticos
Hablando de terrenos caóticos, en Europa podemos encontrarlos también, al igual que en otros cuerpos del Sistema Solar como Marte (o Titán, según las últimas fotografías de la Cassini). Los terrenos caóticos reciben ese nombre debido a que presentan características muy particulares. Primero, no muestran un patrón definido y claro del tipo de proceso que los ha producido; más bien ha sido un complejo conjunto de fenómenos los responsables de su formación. Segundo, generalmente aparecen terrenos superpuestos a otros, con lo que los procesos que dieron lugar al terreno inferior se confunden con los del superior y todo tiene el aspecto global de una maraña indescifrable de fenómenos geológicos, aunque es posible extraer valiosa información de esas zonas tan rebeldemente moldeadas.

Lo que se deriva de la existencia de terrenos caóticos en Europa es que esta luna sufre procesos tectónicos y volcánicos de gran envergadura; aunque estos últimos no han sido comprobados, muchas de las formaciones caóticas sugieren que han sido creadas a partir de flujos de material procedentes de episodios de este tipo. En muchos lugares hay crestas que han sido tapadas o borradas parcialmente por esto flujos, lo cual indica que muy posiblemente el hielo viscoso de las capas internas ha aflorado a la superficie. Por ejemplo (figura 5), hay zonas en las que se observan formaciones de terrenos caóticos muy recientes, rodeadas de material mucho más antiguo. Algunas se elevan en relación con el terreno circundante, lo que indica un origen brusco y quizá violento.

Sin embargo aunque puedan ser estructuras de rápida y reciente formación no cabe duda, dada sus características y peculiaridades, que han sido producto de procesos geológicos con los que el hielo de agua tiene mucho que ver. Quizá el océano sub-superficial de Europa encuentra una salida temporal entre la enorme costra helada de la luna y al alcanzar la superficie y congelarse rápidamente no consigue generar ninguna estructura geológica fácilmente reconocible y, en cambio, produce los terrenos caóticos; un diapiro de hielo relativamente caliente, por ejemplo, que se escabulle entre la corteza helada de Europa y después se congela es una de las opciones más plausibles, según los expertos, para explicar el origen de estos terrenos tan extraños.
Europa, una década después de la Galileo
Figura 5: un ejemplo de terreno caótico de Europa. La imagen, que abarca 175 kilómetros de lado, muestra la aparición de una formación que se ha superpuesto al terreno anterior de estrías y crestas, lo que nos indica su mayor juventud. El suelo de esta formación aparece fragmentado, como si hubiera sido presionado por fuerzas desconocidas desde las profundidades. Quizá el responsable es el océano de agua líquida que circula en los abismos interiores de Europa.
Cráteres y edad de Europa
Europa tiene una superficie joven. Al contrario que Calixto, Europa ha sufrido procesos geológicos globales que han remodelado y modificado continuamente su rostro, hasta el punto de que los cráteres de impacto, excelentes guías acerca de la antigüedad de una superficie planetaria, están casi ausentes en este satélite. En realidad, los cráteres importantes que se pueden encontrar en Europa tienen un gran tamaño, de varias decenas de kilómetros de diámetro (figura 6). Hay realmente pocos de dimensiones intermedias; son tan escasos que resulta difícil apreciarlos en la mayoría de las imágenes de la Galileo. De hecho, sólo se han encontrado tres cráteres de más de 5 km de diámetro. Además de pocos, los que hay están en su práctica totalidad borrados, rellenados o modificados en menor o mayor grado por el hielo de Europa. Sí existen, en cambio, los muy pequeños, de algunos metros de diámetro, observables si las fotografías tienen alta resolución.

No es sorprendente la ausencia de cráteres de impacto ya que en otros lugares se dan las mismas circunstancias (por ejemplo, el caso idiosincrásico de Ío, donde para encontrar un cráter por impacto hay que aumentar la resolución hasta unos escasos metros, o Encélado, una luna de Saturno que tiene un hemisferio casi por entero carente de estas estructuras); lo que importa es lo que implica la falta de cráteres en Europa. La conclusión obvia es que hay procesos geológicos (básicamente debidos al movimiento de las grandes placas de hielo encajadas a lo largo y ancho de la superficie de la luna), que con el tiempo hacen desaparecer los cráteres y limpian el rostro de Europa de cráteres y otras estructuras similares.
Europa, una década después de la Galileo
Figura 6: cuatro muestras de cráteres de impacto en Europa. Como puede apreciarse por la escala, se trata en todos los casos de grandes estructuras de impacto, algunas de ellas multianillo, que únicamente se producen en contadas ocasiones en cuerpos del tamaño de Europa, ya que necesitan de impactores de tamaño considerable. Sólo en la imagen inferior derecha es posible detectar también cráteres de menor tamaño. La complejidad y variedad de los cráteres apunta a la gran diversidad de terrenos en esta luna, ya que aquellos se forman de una u otra manera dependiendo, entre otros factores, de la naturaleza del material en el que impacten. Las zonas centrales y oscuras de los cráteres se deben a que el impacto fue tan profundo que penetró en la corteza y subió material del interior a la superficie. (NASA-JPL)
Sin embargo, no todos los científicos que han investigado los datos superficiales de Europa piensan que la ausencia de cráteres es enteramente debida a procesos geológicos; hay quién opina que es consecuencia de una tasa de impactos distinta de la que, por ejemplo, ha generado tantos cráteres en la Luna. Sin embargo, es difícil aceptar que la legión de asteroides y planetésimos que han bombardeado las lunas galileanas en conjunto hayan por algún extraño motivo esquivado a Europa, dándole a ésta la oportunidad de salir mucho mejor parada por lo que refiere a las cicatrices por impacto de cuerpos interplanetarios. Como decíamos al principio del artículo, a medida que nos alejamos de Júpiter y encontramos a las cuatro lunas descubiertas en 1610 (primero Ío, después Europa y Ganímedes y Calixto más allá de esta) sus superficies muestran como poco a poco decrecen las evidencias de actividad interna y por el contrario aumentan las marcas debidas a impactos meteoríticos, de modo que resulta muy arriesgado suponer que la ausencia de cráteres en Europa es debido a que sobre ella han caído menos objetos que con relación a sus hermanas galileanas.

Que Europa tiene cierta energía interna que modifica su faz a intervalos no debería ser puesto en duda por nadie, ya que existen evidencias suficientes al respecto. Tenemos el caso de regiones anexas en las que se observa claramente la acción de un flujo de material líquido y, a pocos kilómetros, o incluso sólo unos cientos de metros, hay toda una zona de caóticas estrías y crestas complejas (figura 7): o sea, que presenciamos lugares que han sido recientemente remodelados junto a otros que ya tienen una cierta edad. Las extensas placas de hielo parecen resbalar sobre una superficie inferior que está lubricada de algún modo, y que según los indicios debe responder a las presiones del océano líquido del interior de Europa, a su vez producido por el calor de las mareas de Júpiter que han fundido sus profundidades. Esta importante relación entre el hielo superficial y el agua del interior unida a la energía procedente de Júpiter es lo que sugiere a los planetólogos que Europa está vivo geológicamente, algo que ha quedado sobradamente demostrado gracias a las espectaculares fotografías de la Galileo.
Europa, una década después de la Galileo
Figura 7: dos muestras, casi en contacto, de terrenos muy diferentes, que han respondido de manera distinta a la energía procedente del interior de Europa. A la izquierda se aprecia una zona llana, generada seguramente tras el flujo de algún liquido a la superficie, mientras que a la derecha se observa una región caótica, que posiblemente se ha desplomado sobre sí misma o ha sufrido algún tipo de alteración por procesos geológicos complejos. Alrededor de ambas zonas destacan las numerosas estrías, crestas y valles rectilíneos que llenan gran parte de la superficie de Europa. La existencia de estos tipos de estructuras tan diferentes en áreas estrechas sugiere que Europa tiene una considerable cantidad de energía en su interior. (NASA)
 
 
Los trabajos publicados sólo pueden ser reproducidos
con la expresa autorización de sus autores.
Estamos en contacto: betelyuz@yahoo.com
Por cualquier corrección, sugerencia o comentario.
 
Portada Acerca de... Índice Contacto Links