Evidencias
de hielo de agua |
| La propia sonda Galileo fue quien nos permitió
ir más allá en nuestras especulaciones sobre las características
de Europa al mostrarnos una serie de evidencias, o al menos de indicios,
de lo que parecen ser bloques de hielo suspendidos sobre un sustrato
sólido (figura 4). Los bloques están rotos a grandes
pedazos y casi parecen vagar de un sitio a otro, como icebergs gigantescos.
Para que en verdad haya "movimiento" de estos bloques en
periodos largos de tiempo se hace necesaria la existencia de algún
tipo de capa inferior lubricante que permita el desplazamiento de
estas moles heladas, cuyas mayores dimensiones oscilan en torno a
la decena de kilómetros o incluso más. Obviamente, un
lubricante debe encontrarse en estado líquido, y lo más
probable es que se trate de agua, dada la considerable presencia de
este elemento en Europa. Lo mismo sucede en el caso de las placas
tectónicas terrestres, en donde grandes bloques sólidos
se mueven unos en relación con los otros gracias al empuje
y a la existencia de las corrientes de convección del interior
del planeta, que pese a ser de naturaleza sólida (lo sabemos
gracias a las medidas sísmicas), se comportan como un fluido.
En Europa podría existir un tipo de movimiento similar, en
el que grandes y profundas corrientes actuaran de forma que permitiera
el desplazamiento de los bloques de hielo superficiales. Cuando en
la primavera de 1997 científicos de la NASA sugirieron la presencia
de un océano líquido debajo de la espesa costra helada
de Europa ofrecieron esta imagen (figura 4) como indicio más
que plausible de su existencia (ver más adelante). Desde entonces
han sido muchos estudios los que nos hablan de que, en efecto, en
el interior de esta luna hay "algo" cuya naturaleza permite
la aparición de bloques sólidos de hielo de enormes
dimensiones y que, con el tiempo, se despedazan y circulan libremente
entre la maraña de otros bloques, estrías, cráteres
y terrenos caóticos. |
|
 |
Terrenos
caóticos |
Hablando de terrenos caóticos, en Europa podemos
encontrarlos también, al igual que en otros cuerpos del Sistema
Solar como Marte (o Titán, según las últimas
fotografías de la Cassini). Los terrenos caóticos reciben
ese nombre debido a que presentan características muy particulares.
Primero, no muestran un patrón definido y claro del tipo de
proceso que los ha producido; más bien ha sido un complejo
conjunto de fenómenos los responsables de su formación.
Segundo, generalmente aparecen terrenos superpuestos a otros, con
lo que los procesos que dieron lugar al terreno inferior se confunden
con los del superior y todo tiene el aspecto global de una maraña
indescifrable de fenómenos geológicos, aunque es posible
extraer valiosa información de esas zonas tan rebeldemente
moldeadas.
Lo que se deriva de la existencia de terrenos caóticos en Europa
es que esta luna sufre procesos tectónicos y volcánicos
de gran envergadura; aunque estos últimos no han sido comprobados,
muchas de las formaciones caóticas sugieren que han sido creadas
a partir de flujos de material procedentes de episodios de este tipo.
En muchos lugares hay crestas que han sido tapadas o borradas parcialmente
por esto flujos, lo cual indica que muy posiblemente el hielo viscoso
de las capas internas ha aflorado a la superficie. Por ejemplo (figura
5), hay zonas en las que se observan formaciones de terrenos caóticos
muy recientes, rodeadas de material mucho más antiguo. Algunas
se elevan en relación con el terreno circundante, lo que indica
un origen brusco y quizá violento.
Sin embargo aunque puedan ser estructuras de rápida y reciente
formación no cabe duda, dada sus características y peculiaridades,
que han sido producto de procesos geológicos con los que el
hielo de agua tiene mucho que ver. Quizá el océano sub-superficial
de Europa encuentra una salida temporal entre la enorme costra helada
de la luna y al alcanzar la superficie y congelarse rápidamente
no consigue generar ninguna estructura geológica fácilmente
reconocible y, en cambio, produce los terrenos caóticos; un
diapiro de hielo relativamente caliente, por ejemplo, que se escabulle
entre la corteza helada de Europa y después se congela es una
de las opciones más plausibles, según los expertos,
para explicar el origen de estos terrenos tan extraños. |
| |