Sobre la estabilidad del eje de rotación
de Tierras sin Luna
Alberto González Fairén |
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Durante
mucho tiempo se ha sostenido la idea de que
la Luna ha sido esencial para permitir el origen
y la evolución de la vida sobre la Tierra,
debido a la estabilidad que el satélite
ha proporcionado al eje de rotación de
nuestro planeta. ¿Debe revisarse esta
idea? |
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l valor
de la oblicuidad de un planeta (Figura 1) es un factor importante
en la determinación de su clima y de su potencial habitabilidad.
La oblicuidad de un planeta es el ángulo que forman su momento
orbital y su momento rotacional, y en la Tierra apenas varía,
tan sólo dentro del rango de 22º hasta 24,6º (Figura
2). Por esta razón, los habitantes de la Tierra disfrutamos
de un clima relativamente estable. Por el contrario, por ejemplo en
Marte la oblicuidad varía entre los 0º y los 60º,
en escalas temporales medidas en decenas de millones de años,
provocando variaciones climáticas muy importantes a nivel planetario
(Figura 3). Los análisis teóricos aún no han
determinado si los planetas terrestres se forman preferentemente con
bajas oblicuidades, como las de la Tierra y Marte en este momento,
o si por el contrario los ángulos de los ejes de rotación
de los planetas rocosos se disponen de forma aleatoria. Además,
es conocido que las interacciones gravitatorias con otros planetas
pueden alterar la oblicuidad, lo que significa que la oblicuidad de
un mundo determinado no permanece necesariamente estable una vez completada
la fase de acreción planetaria. |
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Figura
1: La oblicuidad de los
ocho planetas del Sistema Solar.
(C. J. Hamilton)  |
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| Los primeros análisis completos acerca de los
posibles rangos de variación de la oblicuidad de los planetas
del Sistema Solar datan de principios de la década de los 90
del siglo pasado, cuando el grupo de Jacques Laskar publicó
sus resultados describiendo la evolución de la oblicuidad como
una característica básicamente caótica. En sus
estudios incluyeron diferentes periodos de rotación para los
planetas del Sistema Solar, e incluso estudiaron el comportamiento
del eje de rotación de la Tierra en el caso de no existir la
Luna. Algunos de sus resultados más conocidos incluyen la determinación
de las extremas variaciones de la oblicuidad de Marte antes mencionadas,
y que la Tierra sin la Luna sufriría variaciones de oblicuidad
desde 0º hasta 85º. Si la oblicuidad fuera de 0º, el
Sol se encontraría directamente sobre el ecuador; si llegara
a los 85º, el Sol brillaría casi directamente sobre uno
de los polos. Las consecuencias sobre la estabilidad a largo plazo
del clima serían, obviamente, catastróficas. |
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Los resultados del grupo de Laskar, por lo tanto, sugerían
que la Luna ejerce una influencia determinante para “anclar”
la oblicuidad de la Tierra, y por lo tanto sobre el clima a nivel
mundial, y en última instancia sobre la habitabilidad de nuestro
planeta (Figura 4). La razón última sería el
gran tamaño de la Luna respecto a la Tierra, tan sólo
unas 100 veces más pequeña; por el contrario, la mayor
luna de Marte, Fobos, es 60 millones de veces más pequeña
que el planeta. Al ser un concepto tan elegante, esta capacidad de
estabilización que ejercería la Luna sobre el ángulo
de oblicuidad de la Tierra se ha incorporado fácilmente al
discurso general en ciencias planetarias, aceptándose sin apenas
discusión durante más de una década. Los libros
de texto sobre Astrobiología frecuentemente incluyen la aseveración
de que planetas tipo Tierra, con periodos de rotación comparables
a nuestras 24 horas pero sin un gran satélite en órbita,
deben experimentar enormes oscilaciones en su oblicuidad, convirtiéndose
en mundos inhabitables. Si un satélite de gran tamaño
es necesario para que un planeta sea habitable, entonces el número
de planetas habitables en la galaxia será órdenes de
magnitud menor que si este requerimiento no existiera. Sin embargo,
éste es un concepto que se ha demostrado erróneo.
El equipo de Jack Lissauer, de NASA Ames, ha analizado la evolución
a largo plazo de la oblicuidad de un planeta tipo Tierra sin un gran
satélite en órbita, utilizando modelos que incluyen
variaciones en las condiciones iniciales tanto de oblicuidad como
de rotación. Sus resultados, publicados a principios de este
año, incluyen la simulación de las variaciones de oblicuidad
durante 4.000 millones de años, y demuestran que la oblicuidad
del planeta analizado permanecería dentro de unos límites
mucho más estrechos que los calculados por Laskar. Partiendo
de los valores de oblicuidad y orientación del eje de rotación
de la Tierra en este momento, la oblicuidad variaría entre
10º y 50º durante los 4.000 millones de años estudiados.
Además, las simulaciones predicen periodos de estabilidad de
más de 500 millones de años durante los que la oblicuidad
variaría tan sólo en intervalos de 17º a 32º.
Entre estos largos periodos de estabilidad sucederían otros
periodos de tan sólo unos pocos millones de años durante
los que el régimen de oblicuidad cambiaría a otro intervalo
diferente. Por otro lado, los planetas con giro retrógrado
experimentarían variaciones de oblicuidad aún mucho
menores, de tan sólo 2º, con cambios infrecuentes de 4º
a 5º. Si se puede asumir que el sentido de giro inicial de un
planeta es aleatorio, entonces la mitad de los planetas extrasolares
tipo Tierra y sin un gran satélite en órbita deben ser
retrógrados. Estos planetas disfrutarían de una estabilidad
en su eje de rotación similar a la de la Tierra. Por lo tanto,
aunque la presencia de una Luna de grandes dimensiones sin duda puede
estabilizar la oblicuidad de un planeta, no parece un requerimiento
esencial para que un planeta tipo Tierra presente una oblicuidad lo
suficientemente estable como para que la vida avanzada se desarrolle. |
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| San Francisco (California), EEUU, 23 de Marzo de
2012. |
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