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Supernovas y megalodones
Alberto González Fairén

Los dos superlativos del título se unen en un nuevo estudio que relaciona una explosión estelar con la extinción de la fauna costera de la Tierra hace 2.6 millones de años.
as supernovas representan los estadios explosivos finales en la vida de las estrellas más masivas. Hace 2.6 millones de años, cuando la geología de la Tierra mudaba del Plioceno al Pleistoceno, una supernova explotó a unos 150 años de luz de la Tierra. Unos pocos cientos de años más tarde, cuando el brillo de la supernova ya había desaparecido del firmamento nocturno, los rayos cósmicos producidos en la explosión alcanzaron nuestro planeta.

En aquel tiempo, las zonas costeras de toda la Tierra estaban dominadas por uno de los depredadores más letales que ha fabricado la evolución biológica: el megalodón, un tiburón de hasta 18 metros de longitud (Figura 1). El registro fósil sitúa el reinado del megalodón entre hace 16 y 2.6 millones de años.
Comparación de megalodón con T. Rex
Figura 1: Comparación de megalodón con T. Rex. (Discovery Channel) Click para ampliar!
Hasta ahora, la teoría más aceptada para la extinción del megalodón tenía como decorado grandes cambios en la temperatura de los océanos. Al inicio del Pleistoceno, comenzó una glaciación global, que hizo descender el nivel del mar y enfrió significativamente las aguas. Como consecuencia, se produjo una enorme pérdida de biodiversidad en los hábitats costeros, causada por la regresión del nivel del mar

El impacto de la glaciación sobre los habitantes de las zonas costeras fue inmediato y devastador: un tercio de la megafauna no consiguió adaptarse, entre ellos la mitad de los mamíferos y las tortugas marinas, y un tercio de las aves marinas. También desaparecieron un 10% de los tiburones, entre ellos el megalodón. Eso sí, la desaparición del megalodón permitió el desarrollo espectacular de las grandes ballenas barbadas a partir del Pleistoceno.

El pasado mes de noviembre, un equipo dirigido por Adrian Melott, de la Universidad de Kansas, presentó sus análisis sobre la relación entre la explosión de supernova mencionada al principio y la extinción de la megafauna costera terrestre. La radiación letal procedente de la supernova llegó a la Tierra en forma de rayos cósmicos, afectando con más intensidad a los habitantes del mar en las zonas costeras, donde la radiación habría entrado con más facilidad. Como éste es un tipo de radiación muy penetrante, interaccionó con las cadenas de ADN de los seres vivos, provocando innumerables mutaciones. El equipo de Melott calcula que la tasa de cáncer se duplicó en los animales más grandes.

La última pieza del puzle es determinar desde dónde vino la radiación. El Sistema Solar se sitúa dentro de lo que los astrónomos llaman la “Burbuja Local”, una región de 300 años luz de extensión definida por contener gas difuso y caliente, rodeada por el gas denso y frío característico del medio interestelar (Figura 2). En nuestra región de la galaxia existen varias “burbujas” similares, generadas por la explosión de supernovas, cuya energía barre el material y calienta el entorno. Una de esas supernovas pudo ser la que marcó el límite entre el Plioceno y el Pleistoceno.

Así, el inicio del Pleistoceno fue un momento de cambios profundos en la biosfera terrestre, incluyendo la primera evolución de los homínidos en África. La llegada de una potente lluvia de rayos cósmicos al final del Plioceno diezmó las costas de la Tierra y envió a los megalodones a los museos.
La “Burbuja Local”
Figura 2: La “Burbuja Local”.
 
 
Madrid, España, 05 de Enero de 2019.
 
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