¿Puede haber planetas habitables orbitando
a enanas M?
Alberto González Fairén |
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Cuando
observamos el cielo nocturno, ninguna de las estrellas que
vemos es del tipo de las enanas M: estas estrellas son tan
pequeñas y poco luminosas que el ojo humano no puede
distinguirlas sin la ayuda de un telescopio. Sin embargo,
las enanas M constituyen aproximadamente el 70% de las estrellas
de nuestra galaxia, mientras que las estrellas como el Sol
apenas representan el 3%. Históricamente, las enanas
M no han sido consideradas en la búsqueda de vida
extraterrestre, debido a su escaso aporte de luz y calor,
que parecía descartar la posibilidad de que tuvieran
sistemas planetarios en órbita con mundos habitables.
Pero esta perspectiva está empezando a cambiar. |
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as enanas
M son pequeñas estrellas frías y rojas que tienen un
rango de masa entre el 8 y el 50% de la del Sol, y emiten sólo
un pequeño porcentaje de la energía que emite nuestra
estrella amarilla (las más pequeñas, hasta 4.000 veces
menos). Por este motivo, son difíciles de estudiar, y han pasado
relativamente desapercibidas entre el conglomerado de grandes estrellas
aparentes. Sin embargo, en 33 años luz en torno al Sol (10
parsecs), hay 21 estrellas del tipo del Sol, y hasta 240 enanas M.
Por lo tanto, las enanas M son las estrellas “normales”,
si entendemos “normal” como aquello que marca la norma,
esto es, lo más abundante. Además, parece que son especialmente
relevantes para la Astrobiología.
En una reunión celebrada en el mes de julio de 2005 en el instituto
SETI, en California, un grupo de astrónomos y biólogos
reconsideró la cuestión de si las enanas M pueden albergar
planetas habitables. El motivo de la reunión era determinar
si el Allen Telescope Array (ATA), que está empleando SETI
para buscar señales de civilizaciones extraterrestres, debería
incluir entre sus objetivos la exploración de las enanas M.
La posibilidad de que existan mundos habitables en torno a enanas
M ha cobrado especial relevancia después del descubrimiento
en junio de 2005 de un planeta rocoso de unas 5.9 veces la masa de
la Tierra orbitando a Gliese 876, una estrella M situada a 15 años
luz del Sol (Figura 1). Desde 1998 se conocía la existencia
de otro planeta en torno a Gliese 876, un gigante gaseoso con una
masa 2.1 veces la de Júpiter, lo que incrementa el interés
en este sistema estelar. En realidad, el nuevo mundo rocoso ha sido
el primer planeta de tipo terrestre jamás localizado en torno
a una estrella de la secuencia principal: Gliese 876 se sitúa
en la zona inferior derecha del diagrama Hertzsprung-Russell (Figura
2). Hasta ese momento, los únicos planetas rocosos conocidos
fuera del Sistema Solar eran los que orbitan en torno al púlsar
PSR B1257+12, posiblemente restos de la destrucción de la estrella
original al convertirse en supernova. |
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Figura
2: Diagrama Hertzsprung-Russell, que representa
el brillo intrínseco de las estrellas en relación
a su temperatura superficial. Las estrellas de la secuencia
principal son aquellas llegadas a la madurez que consumen
hidrógeno en el núcleo, y ocupan una diagonal
en el centro del diagrama. Las estrellas azules de gran
masa y luminosidad, como Rigel, Sirio y Spica, se encuentran
arriba a la izquierda; las estrellas amarillas de mediana
magnitud y luminosidad, como el Sol, se encuentran en el
centro; las rojas y pequeñas, como
Gliese 876, están abajo a la derecha. Además
de la secuencia principal, en el diagrama aparecen otras
dos ramas: una arriba a la derecha, en la que hay una mayor
densidad de estrellas gigantes y supergigantes rojas de
baja luminosidad, como Aldebarán, Antares, Arturo
y Bete | | |