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Hay vida en Marte
Alberto González Fairén
Más de cuatro décadas de búsqueda de vida autóctona en Marte no han ofrecido ningún resultado concluyente hasta la fecha. Sin embargo, hoy podemos afirmar que Marte es un planeta habitado por formas vivas: las que han viajado a bordo de las naves de exploración que han llegado a su superficie.
as primeras sondas que llegaron a la superficie marciana fueron sometidas a procesos de esterilización para asegurar que no se contaminaba biológicamente Marte al tocar su superficie. Tanto la agencia espacial soviética como la norteamericana comunicaron oficialmente que habían aplicado estrictos protocolos de esterilización sobre las sondas Mars 3 (1971), 6 (1973) y 7 (también en 1973), y las Viking 1 y 2 (en 1975), respectivamente. En realidad, los protocolos publicados eran mucho menos rigurosos que los que se aplican en procesos de cirugía en nuestros hospitales a día de hoy. Además, lo escaso de los datos suministrados sobre la fidelidad de los procesos de esterilización plantea dudas razonables acerca de la posibilidad de contaminación. Tales dudas se disiparon el 4 de julio de 1997, cuando la sonda Pathfinder de la NASA se posó con éxito sobre la superficie de Ares Vallis. Pathfinder fue el primer vehículo destinado a explorar la superficie marciana que no fue esterilizado. Desde esa fecha, sabemos con certeza que hay vida en Marte.

Todas las misiones posteriores que han tenido como objetivo posarse en la superficie marciana no han sido esterilizadas: ni los Mars Exploration Rovers (MER) de la NASA Spirit y Opportunity, que se encuentran explorando el cráter Gusev y Meridiani Planum, respectivamente, ni la sonda de la ESA Beagle-2, que se estrelló en Isidis Planitia. Igualmente, la sonda Phoenix, que será lanzada en agosto y se posará en una zona circumpolar del hemisferio norte marciano, no ha sido sometida a procesos de esterilización. Únicamente su brazo robotizado (Figura 1), diseñado para excavar en la superficie y llegar hasta la capa de agua helada subsuperficial, ha sido esterilizado. Tampoco el Mars Science Laboratory, cuyo lanzamiento está previsto para el otoño de 2009 será sujeto de esterilización. Todas estas misiones, por lo tanto, llevaban y llevarán seres vivos de la Tierra a bordo. Algunos de estos microorganismos pueden sobrevivir a las duras condiciones del espacio interplanetario, y es posible que encuentren lugares donde mantenerse con vida en la superficie de Marte.
sonda Phoenix
Figura 1: Proceso de ensamblaje del brazo robotizado de la sonda Phoenix, en una sala sometida a vacío térmico. (NASA-JPL) Click para ampliar
Para estudiar la resistencia de algunos tipos bacterianos ante los procesos de limpieza y antibiosis que se llevan a cabo en las salas de construcción de las sondas espaciales, el equipo de Myron LaDuc, del JPL, ha aislado varios grupos de bacterias extremófilas que habitan en tales salas en diversas instalaciones de la NASA. Las cultivaron en medios selectivos que simulaban las condiciones de limitación de nutrientes que caracterizan las instalaciones donde se construyen las sondas, así como el conjunto de características ambientales adversas propias del espacio interplanetario y de la superficie de Marte, incluyendo radiación ultravioleta, choques térmicos, pH extremo (de 3 a 11), e hipersalinidad (hasta el 25% de NaCl). Se comparó el número de microorganismos viables (en función del ATP) con la carga bacteriana total (medida por PCR). Los resultados indicaron que la densidad bacteriana resistente podía alcanzar hasta 106 células por metro cuadrado, si bien sólo la mitad de ellas podían ser crecidas de nuevo en laboratorio en condiciones óptimas.

Los individuos resistentes identificados se encuadran dentro de la familia Bacillaceae
(Figura 2), incluyendo una vasta diversidad fisiológica que abarca desde termófilos (Geobacillus) hasta halotolerantes (Oceanobacillus y Exiguobacterium), pasando por anaerobios estrictos (Paenibacillus). Asimismo, se encontraron bacterias no formadoras de esporas, como proteobacterias o actinobacterias. En un estudio previo, el mismo grupo demostró en 2004 la presencia de actinomicetos, hongos y bacterias en la superficie de sondas antes de su despegue, en salas de construcción de sondas y en los depósitos de agua potable de la Estación Espacial Internacional (patógenos oportunistas, en este caso). Además, como caso extremo, se puede citar la supervivencia de gusanos de la especie Caenorhabditis elegans (Figura 3) entre los restos recuperados del accidente del transbordador Columbia en 2003. Los gusanos viajaban en el transbordador como parte de una serie de investigaciones para probar la eficacia de un nuevo medio de cultivo, y llegaron vivos a la superficie en Texas después de atravesar la atmósfera virtualmente sin protección alguna.
Ejemplares del género Bacillaceae
Figura 2: Ejemplares del género Bacillaceae, bacterias Gram-positivas. (CDC Public Health Image Library)
Caenorhabditis elegans
Figura 3: Ejemplar adulto de C. elegans. (Z. F. Altun) Click para ampliar
Algunos de estos microorganismos han debido de viajar a bordo de las naves que se han posado sobre la superficie marciana. Es cierto que la mayoría de ellos habrán muerto al estar sometidos a la radiación ultravioleta y a los rayos cósmicos en Marte. Sin embargo, algunas colonias han podido quedar protegidas bajo la estructura de las propias sondas, o enterradas bajo finas capas de suelo, por ejemplo en las huellas de rodamiento que han dibujado los rovers al desplazarse (Figura 4). Evidentemente, no es posible que tales individuos supongan un riesgo de contaminación planetaria, ya que su capacidad de desplazamiento fuera de las zonas protegidas es nula. Deben encontrarse en estado de resistencia, formando esporas o estructuras similares, sin ninguna capacidad de movimiento ni de evolución. Por lo tanto, aunque es cierto que la exploración de Marte ha contaminado de vida terrestre el planeta, su eliminación es una tarea sencilla de completar a día de hoy. Pero por sencilla no deja de ser crítica: si algún día se descubre que Marte alberga formas vivas, es de suma importancia poder determinar si son parientes de la vida terrestre, cuya relación sea debida a procesos de contaminación natural interplanetaria, o representantes de un experimento biológico completamente diferente de la naturaleza.
MER Spirit
Figura 4: Excavación producida por las ruedas del MER Spirit en el suelo del cráter Gusev. (NASA) Click para ampliar
 
 
San Francisco (California), EEUU, 14 de Mayo de 2007.
 
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