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La Luna como museo de la historia de la vida
Alberto González Fairén
Algunos cráteres de la Luna pueden estar almacenando muestras de la biosfera primitiva de la Tierra, o incluso de Marte u otros planetas.
no de los mayores problemas con los que se enfrentan los investigadores a la hora de estudiar el origen y la evolución temprana de la vida sobre la Tierra es la carencia de materiales para analizar en nuestro planeta. El registro de la Tierra primordial ha sido borrado por la intensa actividad geológica. Ésta es la razón por la que el origen biológico de los posibles restos fósiles más antiguos de que se dispone sea aun muy discutido. En 2002, John Armstrong, de la Universidad de Washington, presentó por primera vez la hipótesis de que restos orgánicos de la Tierra pueden haber sido transportados hasta la Luna, en el interior de fragmentos de roca eyectados desde nuestro mundo, como resultado del impacto de asteroides.

Cuando un cuerpo de grandes dimensiones impacta con la Tierra, los restos de la colisión pueden alcanzar la velocidad de escape y terminar orbitando nuestro planeta. Hace 4.000 millones de años, posiblemente la Tierra estaba rodeada por restos de impactos. De hecho, la propia Luna es en realidad un fragmento de la corteza terrestre arrancado por la colisión de un planetesimal del tamaño de Marte. En aquella época, la Luna estaba mucho más cerca de la Tierra, hasta 3 veces más próxima, lo que la convertía en el lugar perfecto para la deposición de los restos en órbita. Como la Luna carece de cualquier tipo de actividad geológica (figura 1), los restos deben continuar sobre su superficie, aunque algunos hayan sido destruidos u ocultados por impactos posteriores. Los resultados de Armstrong sugieren que cada 100 km2 de la superficie lunar pueden albergar hasta 20.000 kg de material terrestre. Aunque la distribución con seguridad no es homogénea. Como la rotación de la Luna está sincronizada con la de la Tierra, el hemisferio de avance en su traslación alrededor de la Tierra ha debido recoger mucho más material en órbita que otras zonas. Por otro lado, los materiales eyectados directamente desde la Tierra hacia la Luna estarán depositados preferentemente en el hemisferio visible. Finalmente, los materiales eyectados a una órbita más pronunciada alrededor del Sol, pueden haber caído sobre la Luna de forma más aleatoria.
Mapa de la cara visible de la Luna
Figura 1: Mapa de la cara visible de la Luna, saturada de impactos que prueban la ausencia de erosión por procesos geológicos.
(D. Davis) Click para ampliar...!
Pero el modelo de Armstrong plantea un problema: la Luna no tiene atmósfera. En la Tierra, los meteoritos son decelerados por fricción con la atmósfera, con lo que el impacto con la superficie es a más baja velocidad. Aunque la corteza exterior del fragmento rocoso se funde, el interior llega relativamente intacto. Sin embargo, ¿podría un meteorito de la Tierra sobrevivir a un impacto de alta velocidad con la superficie de la Luna? Un trabajo de Ian Crawford y Emily Baldwin, del Birkbeck College, publicado en junio de 2008, parece dar la respuesta. Simularon los meteoritos como cubos, y calcularon las presiones en 500 puntos de la superficie de los cubos, en diversas aproximaciones de impacto a diferentes ángulos y velocidades. Sus resultados confirman que la presión que experimentan los meteoritos de la Tierra al impactar con la Luna no es suficiente como para fundirlos (figura 2). En el caso extremo estudiado, un impacto a 5 kilómetros por segundo, sólo algunas porciones se funden, pero la mayor parte del proyectil queda intacto, especialmente la parte que permanece en la zona posterior durante la colisión. A velocidades de impacto de 2.5 km/s, no se funde ninguna parte del meteorito. En consecuencia, tanto restos orgánicos como microfósiles podrían sobrevivir el impacto de meteoritos de la Tierra sobre la Luna.
Impacto meteorítico en la Luna
Figura 2: Interpretación artística de un impacto
meteorítico en la Luna. (NASA/MSFC) Click para ampliar...!
Como la Luna rota en un ángulo tal que hace que el Sol se encuentre directamente sobre su ecuador, algunos cráteres de impacto cerca de los polos permanecen en oscuridad eterna (figura 3). En el interior de los cráteres, sólo alguna luz reflejada desde el borde podría llegar al interior. Pero dentro de los cráteres pequeños que se localizan en el interior de otros más grandes, la oscuridad es absoluta (figura 4). Estos puntos oscuros son extraordinariamente fríos, a temperaturas tan bajas como -248°C. Estas temperaturas conservan cualquier fragmento meteorítico que haya podido impactar en los polos lunares, gracias a la congelación, la oscuridad y la protección frente al viento solar.
Polo sur de la Luna
Figura 3: Polo sur de la Luna, mostrando el área que permanece en oscuridad perpetua. (NASA) Click para ampliar...!
Cráteres en el polo sur lunar...
Figura 4: Cráteres en el polo sur lunar que nunca
reciben luz del Sol. (NASA)
Del mismo modo, los restos de una hipotética biosfera marciana también se podrán localizar en los polos lunares, ya que los fragmentos de roca expulsados desde Marte viajarían hacia la órbita terrestre al ser atraídos por el pozo gravitatorio solar. Una primera localización de meteoritos se podría llevar a cabo mediante un sensor de infrarrojos en órbita lunar, capaz de detectar minerales hidratados, esto es, formados en presencia de agua, ya que tanto las rocas de la Tierra como las de Marte se han formado en procesos que incluyen agua y actividad volcánica, totalmente ausentes en la Luna. Para detectar meteoritos más pequeños haría falta incorporar el sensor a un vehículo lunar. Determinar el mundo de origen de restos orgánicos que puedan ser hallados en la Luna será una tarea en principio no muy compleja, ya que cada superficie planetaria tiene sus propias características isotópicas.
 
 
San Francisco (California), EEUU, 08 de Diciembre de 2008.
 
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