Una explicación gradualista para la
“explosión del Cámbrico”
Alberto González Fairén |
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La aparición
simultánea y rápida de la mayoría
de los linajes de animales a principios del
Cámbrico no ha encontrado aún
una explicación satisfactoria. Recientes
investigaciones sugieren que la respuesta puede
encontrarse mirando un poco más atrás
en el tiempo. |
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n la época
en la que Darwin publicó El origen de las especies (1859),
uno de los misterios más significados de la biología
era la aparición súbita de los fósiles de animales
en el registro geológico. La mayoría de clados de animales
bilaterales emergió aparentemente en tan sólo unos pocos
millones de años al principio del Cámbrico, un evento
que se conoce como la “explosión del Cámbrico”.
El mismo Darwin destacó este fenómeno, y propuso que
era el resultado de un registro fósil incompleto que generaba
la ilusión de un evento repentino. Esta percepción,
aseguraba Darwin, cambiará cuando se descubran rocas que contengan
fósiles más antiguos y mejor preservados, que serán
representantes de los ancestros de los fósiles cámbricos.
Sin embargo, análisis posteriores que se extienden hasta nuestros
días y que incluyen el estudio de fósiles de animales
del Ediacárico y el Cámbrico (Figura 1), han continuado
ampliando la variedad morfológica de los clados, pero al principio
del Cámbrico continúa apareciendo de manera súbita
una enorme diversidad animal desconocida hasta entonces (Figura 2).
Durante décadas, se han propuesto varias causas para explicar
esta aparición repentina, invocando motivos ambientales, ecológicos
y genéticos.
Análisis recientes llevados a cabo por el grupo de Douglas
Erwin, del Museo Nacional de Historia Natural en Washington, y publicados
a finales de 2011, han contribuido a clarificar el origen de la “explosión
del Cámbrico”. Su trabajo, resultado de compilar patrones
de diversificación molecular, registro fósil, datos
comparativos de desarrollo e información sobre hábitos
ecológicos, indica que la mayoría de los clados animales
divergió varias decenas de millones de años antes de
su aparición en el registro fósil. Por lo tanto, sus
datos demuestran que existe un retraso evolutivo entre la aparición
de los programas genéticos y los patrones fenotípicos
básicos de los animales antes del Ediacárico (desde
hace 850 hasta hace 635 millones de años) y el posterior éxito
ecológico de los metazoos durante el Ediacárico (635
a 541 millones de años) y el Cámbrico (541 a 488 millones
de años). Pero, en realidad, todas las nuevas formas de vida
animal que aparecen repentinamente en el registro fósil a partir
del Ediacárico, ya llevaban varias decenas de millones de años
evolucionando en los océanos de la Tierra precámbrica. |
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El estudio de Erwin y colaboradores es un ejemplo de
investigación transdisciplinar, ya que en el equipo trabajan
biólogos, paleontólogos y ecólogos. Han analizado
registros geoquímicos de cambio ambiental, correlaciones de
rocas de diferentes partes del mundo, relaciones filogenéticas
entre varios clados actuales y fósiles y sus épocas
de origen, secuencias moleculares, y procesos de desarrollo mediante
estudios comparativos entre grupos de animales actuales. Colectivamente,
toda esta información les ha permitido profundizar en la comprensión
de las posibilidades evolutivas de los clados bilaterales que existían
antes del Cámbrico, y han podido determinar que el último
ancestro común de todos los animales vivó probablemente
hace unos 800 millones de años, aunque los grupos animales
más numerosos que existen hoy en día no aparecieron
hasta unos 200 millones de años más tarde.
Durante esos 200 millones de años, la evolución de los
animales se concentró principalmente en sus sistemas de regulación
genética. Pero el desarrollo genético no se materializó
en una gran diversidad fenotípica debido a que la Tierra experimentó
periodos muy fríos, durante los que casi todo el planeta estaba
cubierto de hielo, lo que detenía el desarrollo de los seres
vivos (Figura 3). Al volver el calor, los animales se diversificaron
de forma exhaustiva. El final de los periodos fríos podría
haber sido propiciado por los mismos seres vivos, tanto al secuestrar
carbono del agua del mar como al liberar oxígeno, generando
así nuevos entornos ecológicos para nuevos organismos.
Y este proceso estaría retroalimentado: el desarrollo de nuevos
organismos implicaría cambios en las condiciones ambientales,
que permitirían a su vez una mayor diversidad biológica,
dando como resultado una “explosión” de nuevas
formas de vida. |
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| Además, una vez recuperadas las condiciones
ambientales templadas, otro paso fundamental para explicar la “explosión
del Cámbrico” fue el incremento notable en el nivel de
las interacciones entre los clados animales, principalmente el hecho
de que los animales comenzaron a comer animales por primera vez en
la historia de la Tierra. Las primeras huellas de predación
y los primeros fósiles de predadores aparecen en el registro
fósil justamente alrededor de la transición del Ediacárico
al Cámbrico (Figura 4). Los animales evolucionaron rápidamente
en respuesta a la predación desarrollando nuevos mecanismos
de defensa tales como cubiertas biomineralizadas, o generando nuevas
estructuras y/o capacidades para desplazarse a nuevos hábitats. |
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Figura
4: Waptia, uno de los predadores
del Cámbrico inicial, que pudo haberse
alimentado de animales ediacáricos.
(Wikipedia)
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| San Francisco (California), EEUU, 26 de Abril de
2012. |
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