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Estudios morfológicos en (Astro)Biología
Alberto González Fairén

Dos investigaciones recientes avanzan conclusiones extraordinarias sobre la vida, basadas únicamente en análisis morfológicos de estructuras sedimentarias en Marte y en la Tierra.
n la Tierra, ciertos tipos de colonias bacterianas atrapan y reorganizan los sedimentos en el fondo de aguas someras (lagos, zonas costeras), formando estructuras reconocibles que fosilizan con el tiempo. Estas estructuras, conocidas como “estructuras sedimentarias inducidas por microorganismos”, o microbialitas, se han identificado por todo el mundo, en rocas de edades muy diversas. Nora Noffke, de la Universidad de Norfolk (Virginia), propuso en un artículo publicado en febrero de este año que ciertas estructuras identificadas en el cráter Gale de Marte por el rover Curiosity podrían ser microbialitas fósiles.

Noffke sostiene que algunos de los sedimentos de la zona de Gillespie Lake (Figura 1), que tienen una edad máxima de 3.700 millones de años, podrían ser interpretados como un antiguo lecho lacustre. Además, propone que la morfología de estos sedimentos es consistente con el efecto de la colonización de tapetes microbianos que se puede apreciar en la Tierra. Tras varias semanas de análisis, Noffke encontró diversas coincidencias morfológicas entre Gillespie y sedimentos microbianos fósiles de Estados Unidos, Alemania y Australia (Figuras 2a y 2b). Según Noffke, las estructuras identificadas en Gale no se distribuyen de modo aleatorio, si no en asociaciones espaciales y sucesiones temporales que indican cambios a lo largo del tiempo: si estas asociaciones y sucesiones fueran descubiertas en la Tierra, serían interpretadas como producto de la actividad de tapetes microbianos sobre estructuras sedimentarias en aguas someras, que se secaron con el tiempo. Aunque reconoce que las morfologías analizadas en Marte podrían explicarse por el efecto de la erosión por viento, sal y agua, Noffke insiste en su artículo en que sería una extraordinaria coincidencia geomorfológica que el origen de los sedimentos de Gillespie no tuviera relación con la presencia de microbialitas.
Reconstrucción del antiguo lago Gillespie
Figura 1: Reconstrucción del antiguo lago Gillespie (en azul),
en el cráter Gale, y de la ruta del agua hacia el lago a través del valle Paz (flechas negras). (NASA) Click para ampliar!
Comparaciones morfológicas de Noffke
Figura 2a: Las comparaciones morfológicas de Noffke.
Fracturas en Gillespie y un tapete microbiano de Túnez.
(Noffke, 2015)
Comparaciones morfológicas de Noffke
Figura 2b: Las comparaciones morfológicas de Noffke.
Montículos en Gillespie y estructuras microbianas
en Australia occidental. (Noffke, 2015)
Sin embargo, el equipo de Curiosity ha expresado serias dudas acerca de que se trate de estructuras microbianas fosilizadas. Los sedimentos de Gillespie han estado enterrados durante miles de millones de años, y expuestos a la superficie por erosión básicamente eólica. Sólo porque algunas estructuras “se parezcan” o “recuerden” morfológicamente a otras estructuras que sabemos que tienen un origen biológico, no significa que las primeras sean producto de la actividad biológica. La naturaleza dispone de métodos variados para generar estructuras morfológicamente similares por medio de procesos absolutamente independientes. Por lo tanto, un origen derivado de la erosión eólica, incrementada por la presencia de granos de arena, en un entorno extremadamente frío y seco y sometido a variaciones térmicas enormes cada día, parece una explicación mucho más razonable para entender la génesis de las morfologías de Gillespie.

Otro artículo también publicado en febrero, en este caso describiendo estructuras biológicas terrestres, parece adolecer de similares problemas. Un equipo internacional liderado por William Schopf, de La Universidad de California en Los Ángeles, ha identificado restos fósiles de colonias microbianas que habitaban bajo el fondo del lecho marino a gran profundidad, en Australia occidental, hace 1.800 millones de años. Se trata de ecosistemas microbianos idénticos a otros descritos con anterioridad en la misma zona, 500 millones de años más antiguos; y a otros contemporáneos identificados en las cosas de Sudamérica (Figura 3). El descubrimiento en sí es de indudable relevancia.
Las comparaciones morfológicas de Schopf
Figura 3: Las comparaciones morfológicas de Schopf et al. (A-C): Colonias de 1.800 millones de años. (D-F): Colonias de 2.300 millones de años. (G-I): Colonias en estromatolitos de 725 millones de años del sur de Australia. Las flechas señalan filamentos microbianos fósiles. (Schopf et al., 2015) Click para ampliar!
Pero el grupo de Schopf va un paso más allá, y asegura que estos tres grupos de colonias microbianas (los dos grupos fósiles del Paleoproterozoico de Australia y el moderno de Sudamérica) representan exactamente el mismo tipo de estructura biológica, en morfología, hábitat y organización. La enorme distancia temporal entre los tres grupos (de hace 2.300 y 1.800 millones de años, y actuales), corroboraría la hipótesis darwinista de que un organismo que habita en un entorno que no cambia, tampoco cambia, porque no precisa adaptaciones nuevas. Por lo tanto, el hecho de que estas colonias no hayan evolucionado en miles de millones de años sería una prueba contundente a favor de la teoría de la evolución.

El problema está en que, al igual que en el caso de las supuestas microbialitas de Gale, el análisis de las colonias microbianas fósiles (éstas sí lo son) de Australia es exclusivamente morfológico. Los propios autores reconocen en su artículo que sus análisis pueden servir para documentar la existencia de un tipo de organismos que no han evolucionado en el tiempo, siempre y cuando se asuma que la similitud morfológica observada está acompañada por una similitud igualmente notable en la biología molecular (metabolismo, genoma) de las colonias bacterianas. Sin embargo, la biología molecular de los fósiles bacterianos es absolutamente desconocida, y disponemos de ejemplos abundantes de organismos que conservan su morfología externa pero que experimentan cambios sustanciales en la maquinaria bioquímica interna. Por lo tanto, la asunción del grupo de Schopf es indemostrable. Lo único que sabemos con certeza es que la morfología de las tres colonias bacterianas presentadas en el artículo es muy similar.

En palabras de Carl Sagan, afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. Ni Noffke ni Schopf han aportado pruebas extraordinarias para avalar sus extraordinarias afirmaciones.
 
 
Madrid, España, 04 de Marzo de 2015.
 
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