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Sobre la detección de vida extraterrestre
Alberto González Fairén

La huella de la vida sobre la Tierra nos informa sobre qué debemos buscar y dónde para identificar vida extraterrestre.
urante los últimos años, el descubrimiento de planetas extrasolares ha dejado de ser noticia, porque la lista de potenciales candidatos se incrementa cada mes. Entre estos planetas orbitando estrellas que no son nuestro Sol, la lista de los que podrían ser habitables también crece constantemente: de Proxima Cantauri b, el exoplaneta más cercano a la Tierra, hasta TRAPPIST-1f, uno de los siete planetas de tamaño similar a la Tierra que orbitan a una misma estrella (Figura 1). Pero no parece que estos descubrimientos nos acerquen claramente a la identificación de vida extraterrestre.

El motivo principal es que la evolución de la vida en nuestro planeta nos proporciona información muy valiosa acerca de lo complicada que puede resultar la identificación de vida fuera de la Tierra. Por ejemplo, para un observador distante, la Tierra no habría mostrado signos de estar habitada hasta hace relativamente poco tiempo. Así, aunque sabemos por el registro fósil que nuestro planeta ha tenido la superficie saturada de vida desde hace casi 4.000 millones de años, estas formas vivas han sido microscópicas durante la mayor parte de ese tiempo; asimismo, sus productos metabólicos, como el oxígeno (y su derivado, el ozono) o el metano, han mantenido también casi siempre unos niveles demasiado bajos como para ser detectados desde lejos. De hecho, los océanos de la Tierra albergaron vida durante más de 1.000 millones de años antes de que el oxígeno fuera detectable en la atmósfera. Y el metano planeta el problema adicional de que puede ser generado por procesos tanto biológicos como geológicos.
El sistema exoplanetario TRAPPIST-1...
Figura 1: El sistema exoplanetario TRAPPIST-1. (NASA) Click para ampliar!
Como consecuencia, si observáramos la Tierra primitiva desde otro sistema estelar, usando nuestros instrumentos actuales, no podríamos confirmar la presencia de vida en ese mundo primitivo. La conclusión inmediata es que hoy podríamos estar viendo planetas habitados sin saber que lo están. Por lo tanto, tal vez una buena estrategia podría ser investigar planetas que orbiten estrellas de cierta edad, de forma que hayan tenido tiempo de acumular productos biológicos detectables en sus atmósferas. Los exoplanetas más viejos deberían tener prioridad en estos análisis.

Además, los gases mencionados (oxígeno-ozono y metano) se han propuesto como posibles indicadores de la existencia de una biosfera, pero la realidad es que su presencia no prueba la actividad biológica, solo la sugiere. Algo parecido sucede con el vapor de agua atmosférico, que podría apuntar a la presencia de océanos, pero no la confirma. Además, estos gases son muy difíciles de detectar en exoplanetas con nuestra tecnología. Cada día parece más claro que necesitaremos un marcador químico inequívoco para identificar vida a distancias de exoplanetas, del que aún no disponemos.

Para planetas que podemos visitar con la tecnología actual, es decir, los del Sistema Solar, Jessica Creamer y sus colaboradores de JPL han propuesto un método de análisis químico que podría ampliar nuestras opciones de encontrar signos de vida. El test utiliza la técnica de electroforesis por capilaridad, con el fin de separar una mezcla de moléculas orgánicas en sus componentes elementales.

En principio, el instrumento serviría para aislar e identificar aminoácidos, y es 10.000 veces más sensible que por ejemplo los instrumentos que porta el rover Curiosity en Marte. Así, puede detectar aminoácidos que estén presentes en una solución acuosa a muy baja concentración (Figura 2). Está pensado sobre todo para lugares donde existe agua líquida, por ejemplo en las lunas de los planetas gigantes del Sistema Solar exterior. Y aunque la electroforesis por capilaridad es una técnica usada desde hace 40 años, es la primera vez que se diseña específicamente para cumplir con los requisitos de la búsqueda de vida extraterrestre.
El Lago Mono, en California...
Figura 2: El Lago Mono, en California, donde se ha probado
la técnica de electroforesis por capilaridad. (A. G. Fairén) Click para ampliar!
 
 
Madrid, España, 04 de Noviembre de 2017.
 
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