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¿Causó el impacto de Chicxulub
la extinción K/T?
Alberto González Fairén
Hace 65 millones de años, un gran impacto meteorítico en Chicxulub, en lo que hoy es la península del Yucatán (México), excavó un enorme cráter de impacto. Se ha sugerido que la extinción asociada al final del Cretácico e inicio de la Era Terciaria (límite K/T) fue una consecuencia directa de la colisión. Nuevas evidencias cuestionan esta teoría, poniendo de manifiesto que fue probablemente la combinación de causas diversas lo que condujo a la catástrofe ecológica.
a teoría más extendida de todas las que intentan explicar la extinción del 65% de las especies que habitaban la Tierra hace 65 millones de años, se refiere al impacto de un gran meteorito en Chicxulub que formó un cráter de 180 kilómetros de diámetro (Figura 1). La prueba esgrimida como definitiva fue el hallazgo de esférulas (Figura 2) derivadas del impacto inmediatamente debajo del límite estratigráfico entre el Cretácico y el Terciario, junto con la detección de una anomalía de iridio coincidente con la extinción masiva de foraminíferos marinos, y el descubrimiento y datación del propio cráter de Chicxulub.
Situación de los continentes a finales del Cretácico
Figura 1: Situación de los continentes a finales del Cretácico. El cráter de Chicxulub está señalado en el centro de la imagen.
(C. R. Scotese) Click para ampliar...!
Muestras de esférulas...
Figura 2: Muestras de esférulas derivadas del proceso de impacto. (G. Keller)
Un equipo de investigación dirigido por Gerta Keller, de la Universidad de Princeton, aportó pruebas adicionales el pasado mes de enero que refuerzan su hipótesis inicialmente publicada en 2004 de que, en realidad, el impacto de Chicxulub ocurrió al menos 300.000 años antes del final del Cretácico. Analizando la geología de varios lugares en México, el grupo de Keller descubrió que entre cuatro y nueve metros de sedimentos fueron depositados a un ritmo de dos o tres centímetros por año después del impacto. Y el nivel estratigráfico que marca el límite K/T (Figura 3) se puede encontrar en los sedimentos depositados por encima de los anteriores, lo que indica que el impacto tuvo lugar mucho antes de producirse la extinción masiva. Se ha sugerido que esta distancia entre los sedimentos se puede explicar por los efectos del tsunami que habría provocado el mismo impacto, que habría alterado la secuencia estratigráfica. Pero el complejo sedimentario analizado por el grupo de Keller no se depositó en horas o en días, sino en cientos de miles de años. Además, los sedimentos no presentan evidencia alguna de perturbación estructural. Por otro lado, el grupo de Keller ha determinado que el impacto no tuvo un efecto especialmente dramático en la diversidad de especies sobre la Tierra. En una de las secuencias estratigráficas analizadas encontraron exactamente las mismas 52 especies por debajo y por encima de la capa que contiene las esférulas creadas por el impacto.
Límite K/T en La Sierrita, México
Figura 3: Límite K/T en La Sierrita, México. (G. Keller) Click para ampliar...!
Estas conclusiones no constituyen en realidad sorpresa alguna. Ninguna otra de las cinco grandes extinciones masivas de seres vivos que ha sufrido la biosfera ha sido relacionada con un cráter de impacto concreto, y no existe constancia de que ninguno de los grandes cráteres de impacto que existen sobre la Tierra (algunos mucho mayores que Chicxulub) haya causado una extinción significativa.

La hipótesis alternativa más aceptada para explicar no sólo la extinción K/T, sino las cinco grandes extinciones de la historia de la Tierra, se refiere a cambios climáticos drásticos: a medida que las especies se especializaban a su entorno, cualquier cambio repentino o considerable afectaría sustancialmente a sus posibilidades de supervivencia. Dewey McLean, de la Universidad Politécnica de Virginia, propuso ya en la década de 1970 que un episodio de vulcanismo masivo al final del Cretácico en lo que hoy es la meseta del Decán, en el centro-sur de la India, provocó un calentamiento global que afectó al ciclo del carbono y cambió el pH de los océanos. Estudios más recientes dirigidos por Simon Kelley, de la Open University, han demostrado que, en realidad, las enormes cantidades de polvo y gas habrían bloqueado la luz solar. Además, la cantidad de CO2 liberada por el vulcanismo habría sido insuficiente para elevar las temperaturas del planeta, mientras que el SO2 emitido sí habría contribuido a enfriar la atmósfera. Y el registro geológico confirma un enfriamiento importante de la Tierra al principio del Terciario. El hecho de que también al final del Pérmico, momento en el que se registró la mayor extinción masiva de la historia de la vida sobre la Tierra, tuviera lugar una época de intenso vulcanismo en lo que hoy es Siberia, parece confirmar la influencia de los episodios volcánicos masivos sobre la biosfera.

Alternativamente, se ha sugerido que la posición de los continentes afectó decisivamente al clima del Mesozoico. Durante el Triásico, toda la tierra emergida formaba un único supercontinente que determinaba su propio clima, básicamente seco y desértico, con algunas áreas tropicales boscosas. En el Jurásico, el supercontinente se dividió por la mitad, aumentando las lluvias y elevándose el nivel del mar, lo que cubrió de bosques tropicales las masas continentales. Al final del Cretácico, los continentes se dividieron aún más, como fase previa a la distribución continental actual, lo que trajo consigo enormes fluctuaciones climáticas que afectaron a la capacidad de supervivencia de muchas especies. Los movimientos tectónicos también alteraron los ciclos oceánicos que regulan el clima de la Tierra, y de los que El Niño y La Niña son testamento en nuestros días.

George Poinar, de la Universidad de Oregón, ha propuesto una posible causa alternativa para la extinción de los dinosaurios al final del Cretácico. Poinar sostiene que en los continentes cubiertos de bosques tropicales que caracterizaban el paisaje del Cretácico se produjo una rápida expansión y diversificación de las plantas con flores, que trajo consigo un inusitado aumento en las poblaciones de insectos, muchos de ellos vehículo de transporte de multitud de infecciones. Una prueba de la enorme radiación de los insectos en esta época se encuentra en la ingente cantidad de ellos atrapados en ámbar que están datados precisamente en el tiempo en que se produjo la gran extinción. El estudio de estos insectos bien preservados ha permitido determinar que durante el Cretácico ya transmitían tipos de leishmaniasis o de malaria que hoy afectan a aves y reptiles. Además, el análisis de las heces de dinosaurios ha desvelado la presencia de nematodos, trematodos y protozoos capaces de causar disentería y otras enfermedades intestinales, y cuyos agentes infectivos pudieron ser los insectos. Tales enfermedades eran nuevas e invasivas, y los vertebrados carecían de las respuestas inmunitarias que han evolucionado posteriormente en reptiles, aves y mamíferos. Esta hipótesis explicaría el pausado declinar de las poblaciones de dinosaurios millones de años antes del impacto de Chicxulub.
 
 
San Francisco (California), EEUU, 14 de Junio de 2009.
 
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