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Se nos acaba el tiempo para buscar vida en Marte
Alberto González Fairén

l 19 de octubre de 2016 la Agencia Espacial Europea (ESA) intentó hacer aterrizar en Marte al módulo Schiaparelli, primera etapa del programa ExoMars de exploración de nuestro planeta vecino por parte de la mencionada agencia. El evento trataba en esencia de demostrar que la ESA dispone de la capacidad tecnológica para depositar controladamente y operar un robot sobre la superficie de Marte, un logro que nunca antes ha conseguido. Aunque al momento de escribir estas líneas se desconoce la suerte final del módulo Schiaparelli, la experiencia ganada en este intento sin dudas será vital para concretar el punto culminante del programa: la llegada en 2020 de un rover con la capacidad de perforar hasta 2 metros bajo el suelo, y de analizar las muestras obtenidas en la subsuperficie en búsqueda de posibles signos de vida marciana. Ese mismo año se unirá a ExoMars otro rover, Mars2020, de la NASA; estos robots pioneros continuarán las investigaciones que comenzaron sus predecesores Pathfinder, Spirit y Opportunity, todos de NASA. Lamentablemente, la estrategia astrobiológica que van a seguir tanto ExoMars como Mars2020 es muy poco ambiciosa y nada original, y además pende sobre ella una inminente fecha de caducidad. Veamos porqué.

La razón principal que esgrimen las agencias espaciales de todo el mundo para continuar invirtiendo miles de millones de euros en la exploración de Marte es que nuestro planeta vecino es tan similar a la Tierra que es posible que tenga o haya tenido vida alguna vez. Nadie duda de que la exploración biológica de Marte es uno de los objetivos científicos más ambiciosos para las próximas décadas. Sin embargo, aparte de las sondas Viking de NASA en 1976, absolutamente todas las demás misiones a Marte han tenido objetivos exclusivamente geológicos, aunque siempre se ha empleado el argumento biológico para “venderlas” mejor. Es cierto que la exploración geológica de Marte ha sido tremendamente exitosa, y hoy sabemos que en el pasado Marte fue más húmedo y más cálido que hoy, y que su superficie fue habitable. Pero cuando una misión nueva se diseña para buscar vida (pasada o presente) en Marte, como es el caso del rover ExoMars, se da de bruces con la absoluta prohibición de incluir entre sus objetivos científicos el análisis de las Regiones Especiales, definidas como los lugares de Marte donde los microorganismos terrestres podrían replicarse, o donde podría existir vida indígena marciana hoy. Básicamente, son localizaciones en las que el agua podría encontrarse en fase líquida, al menos en forma de salmueras transitorias o estacionales.

Esta paradoja surge por la implementación de políticas de Protección Planetaria, que nacieron para proteger Marte (y otros planetas) de la contaminación biológica de la Tierra. El argumento es sólido: debemos esterilizar nuestras naves, para asegurarnos de que las generaciones futuras podrán estudiar microorganismos indígenas marcianos (si existen) sin preocuparse de que en realidad estén detectando formas de vida terrestres que hayamos llevado nosotros previamente como polizones en nuestras misiones a Marte, lo que resultaría en “falsos positivos”. El problema es que los protocolos de Protección Planetaria demandan unos criterios de limpieza tan estrictos que no son realistas, porque aún no sabemos cómo esterilizar una nave al 100%; además, cumplir escrupulosamente las exigencias de limpieza resultaría carísimo. En consecuencia, las políticas de Protección Planetaria están inhibiendo la investigación astrobiológica de las Regiones Especiales, con el resultado de que enviamos robots a Marte a buscar seres vivos por todo el planeta, excepto justamente donde pensamos que puede existir vida. El caso del rover ExoMars será particularmente dramático, ya que su prioridad número uno es “buscar signos de vida pasada o presente en Marte”, y sin embargo tiene explícitamente prohibido acercarse siquiera a una Región Especial.
Marte Viking Lander
Imagen de la superficie de Marte obtenida por el
lander Viking 1 en 1977. (JPL/NASA) Click para ampliar!
Además, esta política incoherente de exploración astrobiológica de Marte enfrenta un problema inmediato: la propia NASA ha definido en los últimos años sus planes para enviar misiones tripuladas a Marte en la década de 2030, incluyendo estudios previos para implementar la utilización de recursos obtenidos in situ, en particular la extracción de agua a partir del hielo subsuperficial. Asimismo, los rápidos avances tecnológicos que han conseguido tanto agencias espaciales de otras naciones (China, India) como el sector privado (SpaceX) avisan de que es muy posible que otros programas espaciales al margen de NASA consigan llevar seres humanos a Marte en un tiempo relativamente corto. Y en el momento en que un astronauta ponga un pie en Marte, todos los protocolos vigentes de Protección Planetaria perderán absolutamente su validez, porque la contaminación biológica de Marte será inevitable. No podemos esterilizar a nuestros astronautas. Es sólo una ficción, pero piensen en “The Martian”, la película de Ridley Scott de 2015: cualquier fallo, cualquier mínimo escape, cualquier accidente, cualquier problema contaminará Marte con un enorme volumen de biomasa terrestre.

Por lo tanto, la estrategia actual de exploración biológica de Marte, que en la práctica consiste en retrasar cualquier intento serio de determinar si existe vida en el planeta o no (por ejemplo, prohibiendo a un laboratorio de análisis astrobiológico de la categoría de ExoMars acercarse a los lugares donde pensamos que los marcianos pueden refugiarse hoy), para después desembarcar en Marte con una incesante flota de pioneros humanos, es una estrategia terriblemente desafortunada que complicará hasta niveles difíciles de prever la búsqueda de vida indígena en Marte en el futuro.

Es urgente un cambio de estrategia que permita a los astrobiólogos, no sólo a los geólogos, explorar Marte de forma minuciosa durante las próximas una o dos décadas. Sobre todo, es preciso relajar considerablemente las restricciones de Protección Planetaria y permitir el acceso de nuestros laboratorios robotizados a las Regiones Especiales. Y es necesario hacerlo cuanto antes: nuestros hijos o nietos verán huellas de astronautas sobre la arena roja de Marte, y en ese momento será ya muy tarde para identificar a los auténticos marcianos.
 
 
Madrid, España, 21 de Octubre de 2016.
 
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