El latido de la biodiversidad
Alberto González Fairén |
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La diversidad
biológica parece oscilar a lo largo del Fanerozoico,
el eón geológico que se extiende hacia atrás
en el tiempo desde hoy hasta hace 542 millones de años,
durante el que organismos con cubiertas externas duras o
con esqueleto han dejado un exhaustivo registro de su presencia
sobre la Tierra. La oscilación responde a dos patrones
cíclicos con una cadencia de 62 y de 140 millones
de años. Los cinco episodios clásicos de extinciones
masivas de seres vivos podrían ser una manifestación
parcial de este ciclo global. |
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a diversidad
biológica se define como el número de géneros
de seres vivos presentes en un momento dado; esto es, aquellos cuyo
primer registro fósil es anterior a ese momento, y cuyo último
registro es posterior. Desde los primeros estudios de K. S. Thomson
en 1976, es conocida la existencia de un patrón cíclico
en la diversidad biológica sobre la Tierra durante el Fanerozoico.
Un reciente estudio llevado a cabo por Robert Rhode y Richard Muller,
de Berkeley, ha desvelado la naturaleza última del ciclo. El
estudio señala que el número de géneros de seres
vivos sobre la Tierra aumenta y disminuye siguiendo dos patrones regulares
de 62 y 140 millones de años.
El trabajo de Rhode y Muller está resumido en la Figura 1.
La gráfica de color verde (a) representa la diversidad
biológica en función del tiempo según el compendio
clásico de John Sepkoski, que recoge la historia geológica
de 36.380 géneros marinos. Si se eliminan aquellos géneros
con edad no firmemente establecida y aquellos otros con un único
registro fósil, quedan los 17.797 géneros representados
en la gráfica de color negro (b). Como se puede observar,
el número de géneros se incrementa de forma notable
al principio del Fanerozoico (derecha de la figura), cae cerca del
límite entre el Pérmico y el Triásico, y vuelve
a subir de forma constante hasta el presente. La línea azul
perfila el contorno de esta tendencia general a lo largo del Fanerozoico.
Las dos gráficas negras (c y d) de la parte inferior
representan la variación en el número de géneros
sin tener en cuenta la tendencia general de aumento o disminución
del número total a lo largo del tiempo. Sobre ellas, se han
superpuesto en color azul sendas funciones seno con una cadencia de
62 y de 140 millones de años, respectivamente. Por último,
las líneas discontinuas verticales representan las cinco grandes
extinciones globales. |
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Como se puede apreciar en la gráfica, la diversidad
biológica está dominada por dos evidentes patrones cíclicos
de 62 ±3 y de 140 ±10 millones de años. Aparte
de estos ciclos dominantes, en algunos periodos (Silúrico,
Carbonífero superior, Jurásico inferior y Eoceno) aparecen
fluctuaciones secundarias en el registro fósil, con una cadencia
de unos 30 millones de años.
Es importante señalar que las disminuciones en diversidad son
fenómenos abruptos y puntuales, mientras que las recuperaciones
son bastante más sostenidas y lentas. No obstante, algunos
episodios de extinción parecen menos drásticos, fenómeno
derivado posiblemente de la carencia de un registro fósil completo.
Por esta razón, la coincidencia del registro con la función
sinusoidal respectiva no es perfecta.
Otro aspecto destacable de los resultados del estudio es que los cinco
episodios clásicos de extinción de seres vivos en la
historia geológica de la Tierra, sucedidos al final de los
periodos Ordovícico, Devónico, Pérmico, Triásico
y Cretácico, coinciden con fases de diversidad decreciente
según el ciclo de 62 millones de años, lo que indica
una relación entre ambos fenómenos. No obstante, las
grandes extinciones masivas no muestran una periodicidad del tipo
de la analizada en la variación de la diversidad. El ciclo
de 62 millones de años también se hace presente cuando
se analizan las primeras apariciones (origen) y las últimas
apariciones (extinción) de cada género.
En cualquier caso, los resultados son diferentes si se analizan los
géneros que perviven durante largos periodos (45 millones de
años o más) o si se analizan los de corta vida. Los
géneros que perviven poco tiempo han contribuido en una media
del 44% a la diversidad biológica a lo largo de la historia
de la vida, pero son responsables del 86% de la variación cíclica
de 62 millones de años. Por el contrario, los géneros
de larga vida varían muy poco, y sólo parecen haber
sido afectados de forma importante en la mayor de las extinciones
masivas, la que marca la frontera entre el Pérmico y el Triásico.
Para explicar el origen de la variación cíclica de 62
millones de años en la biodiversidad se han propuesto diferentes
hipótesis, aunque es posible que el ciclo sea el resultado
de fenómenos que afecten al propio registro fósil y
no a la diversidad, como podrían ser cambios en el proceso
de sedimentación. Entre las posibilidades propuestas destacan
la existencia de una estrella compañera del Sol aún
no descubierta, o ciclos de actividad solar no confirmados por los
modelos vigentes de evolución estelar. La hipótesis
que parece más consistente es la que sostiene que las oscilaciones
del Sol a través del plano galáctico (que suceden cada
52 a 74 millones de años), o el paso del Sistema Solar a través
de nubes moleculares u otras estructuras de la Galaxia, podrían
producir alteraciones en la Nube de Oort y en el Cinturón de
Kuiper que provocarían lluvias de meteoritos sobre la Tierra.
Igualmente, el patrón de 140 millones de años puede
estar provocado por ciclos de glaciación que responden a una
cadencia de 135 millones de años (estadísticamente indistinguible
del patrón de 140 millones de años), o por ciclos en
los rayos cósmicos (estudiados a partir de los meteoritos,
y que señalan un ciclo de 143 millones de años, de nuevo
muy similar al patrón de 140). Otros posibles agentes causales,
como los impactos meteoríticos, presentan un registro evidentemente
incompleto, de donde se deriva que su análisis estadístico
para verificar la existencia de un ciclo en las edades de impacto
es inviable; si bien es cierto que el Sistema Solar atraviesa un brazo
galáctico precisamente cada 140 millones de años. En
consecuencia, que las fluctuaciones en la biodiversidad estén
relacionadas con cambios profundos en el clima de la Tierra, derivados
de variaciones en el flujo de rayos cósmicos en los momentos
en los que el Sistema Solar atraviesa un brazo de la Vía Láctea,
parece una hipótesis plausible.
Por el contrario, otros fenómenos frecuentemente invocados
como agentes causales de grandes extinciones, como episodios de vulcanismo
masivo o cambios bruscos en el nivel del mar, no presentan correlación
cíclica alguna, lo que hace difícil sostener que tales
fenómenos se encuentren en el origen de ninguno de los cambios
cíclicos de la biodiversidad que han sucedido a lo largo de
la historia de la vida sobre la Tierra. |
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| Madrid, España, 23 de Agosto de 2006. |
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