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10 años en Espacial.org
Alberto González Fairén

En los diez años que han pasado desde que, en 2003, empezamos a comentar en Espacial.org las investigaciones más señaladas en el ámbito de la Astrobiología, esta joven ciencia ha experimentado un enorme desarrollo. Recordemos los avances más sobresalientes.
a búsqueda de vida en Marte es seguramente el aspecto que ha disfrutado de una más destacada evolución en Astrobiología durante la última década. Hace diez años era imposible imaginar que los experimentos de las sondas Viking, los únicos robots que ha enviado la humanidad a otro mundo específicamente para buscar vida extraterrestre, no podían ofrecer resultados positivos de ninguna manera: como hemos contado aquí, la sonda Phoenix descubrió en 2008 la presencia de una importante cantidad de percloratos en la superficie de Marte. Si la distribución de percloratos es global, como parecen sugerir los primeros resultados del explorador Curiosity, su presencia en las muestras que se calentaron en las cámaras de volatilización termal de Viking habría provocado la oxidación inmediata de los mismos compuestos orgánicos que se trataba de identificar. Por tanto, misiones posteriores a Viking nos están ofreciendo respuestas definitivas a preguntas que nos hemos hecho durante décadas, al reanalizar unos experimentos efectuados hace casi 40 años. Justamente por esta razón, porque hemos enviado ocho robots a orbitar el planeta y a rodar por sus páramos en los últimos quince años, ahora conocemos con bastante precisión su historia geológica e hidrológica, su mineralogía y la química de su superficie. Pero en el futuro inmediato la exploración de Marte necesita perseguir objetivos más ambiciosos. Ya no podemos limitarnos a enviar más robots que nos devuelvan nuevas colecciones de datos geológicos. Tenemos que volver allí con instrumentos de análisis biológico de última generación, arañar el suelo, perforar la subsuperficie y buscar evidencias de vida presente (activa o latente) o pasada. Disponemos de la tecnología y conocemos el lugar. Es esta una tarea fundamental, de profundas implicaciones científicas, sociales y filosóficas, que deberíamos ser capaces de diseñar y llevar a cabo en esta generación.
La primera fotografía...
Un documento histórico: la primera fotografía de la superficie marciana, capturada por el Viking Lander 1 minutos después del exitoso aterrizaje en Marte, el 20 de Julio de 1976. (JPL/NASA) Click para ampliar!
Carl Sagan - Viking Lander
El recordado científico Carl Sagan, posando al lado de una
maqueta a escala natural del Viking Lander, en el Valle de la Muerte, California. La misión Viking de mediados de la década de 1970 fue pionera en la exploración y búsqueda de vida en Marte.
(JPL/NASA) Click para ampliar!
También desde aquí nos hicimos eco de la llegada a Titán de la sonda Huygens. Los nuevos datos que aportó esta misión demostraron que existen en Titán ríos y lagos de hidrocarburos, que la superficie es muy joven y que por debajo de una fina capa endurecida de un centímetro de espesor se extiende una zona blanda de textura similar al barro. La disociación del N2 y la fotolisis del CH4 sobre la superficie de Titán se propusieron en 2005 como base de posibles reacciones orgánicas. En Espacial.org describimos la última hipótesis para explicar el desequilibrio químico en la superficie del satélite de Saturno: el hidrógeno molecular (H2) y el acetileno (C2H2), que todos los modelos aseguraban que debían ser abundantes sobre la superficie, no aparecían en los datos de Huygens. Inmediatamente se sugirió la participación de microorganismos metanógenos, que consumirían el hidrógeno ayudados por algún catalizador mineral y usarían el acetileno como fuente de energía. Es imperativo que nuestra civilización sea capaz de dirigir una parte significativa de sus recursos a demostrar o refutar estas hipótesis, para averiguar finalmente si estamos solos o no en el Sistema Solar.

En la investigación de planetas extrasolares se han producido igualmente avances muy notables en los últimos 10 años. En 1995 se describió el primer planeta extrasolar, y aquí hemos enumerado las técnicas más comúnmente empleadas para su localización. A día de hoy, el número de planetas extrasolares que conocemos se acerca a 3000. Uno de ellos, Gliese 581g, situado a 20 años luz de la Tierra, podría orbitar a la distancia adecuada de su estrella como para mantener unas temperaturas en superficie ligeramente por debajo de los 0º C, lo que ha desatado toda clase de especulaciones sobre la posible presencia de vida en el planeta. Sin embargo, observaciones posteriores no han podido confirmar la existencia del planeta. La búsqueda de mundos alrededor de otros soles es una tarea apenas iniciada y que sin duda aún nos ha de deparar múltiples sorpresas y resultados contradictorios. Pero pocas tareas humanas poseen la capacidad de alterar para siempre nuestra concepción del Universo y de nuestro lugar en él como la identificación de otras Tierras orbitando soles vecinos.
Huygens - Titán
La sonda europea Huygens nos reveló por primera vez el verdadero rostro de la superficie de Titán. (ESA/NASA/JPL/University of Arizona)
Sin embargo, es profundamente decepcionante comprobar cómo, durante la década que hemos compartido en Espacial.org, no ha habido ni un solo intento de estudiar en profundidad el satélite de Júpiter Europa con tecnología de este milenio. Sospechamos, por los datos suministrados por la única sonda dirigida específicamente al análisis del sistema de Júpiter, la Galileo (entre 1996 y 2003), que Europa alberga la mayor reserva de agua líquida del Sistema Solar, un vasto océano de hasta 200 km de potencia escondido bajo su corteza de hielo de agua. Algunos modelos proponen que la producción de calor derivada de la desgasificación volcánica y de la actividad hidrotermal podría inducir la síntesis abiótica de metano y de otros compuestos orgánicos cerca del fondo oceánico, mediante catálisis mineral con distintas aleaciones metálicas. Otras hipótesis sugieren rápidas reacciones químicas en la corteza exterior de hielo entre el agua y el CO2 congelados y el SO2, que formarían diversos tipos de iones capaces de iniciar nuevas reacciones químicas. Pero todas las preguntas que tenemos sobre la mesa en relación a la posible presencia de actividad bioquímica o incluso de vida en Europa, y las que sin duda surgirán en los próximos años, tendrán que esperar a la obtención de nuevos datos, que no han de llegar antes de 2026, año en el que está programada la inserción orbital de la próxima misión para el estudio del satélite. Un cuarto de siglo, al menos, sin que la humanidad tenga presencia física en uno de los lugares del Sistema Solar más prometedores desde el punto de vista de la Astrobiología. Demasiado tiempo.

En la década que hemos compartido en Espacial.org, ha habido espacio también para analizar los resultados de cada nueva misión planetaria desde un punto de vista astrobiológico; para describir múltiples análogos terrestres de entornos extraterrestres y la geología de nuestros mundos vecinos del Sistema Solar; para analizar conceptos como panspermia, simbiogénesis, extremofilia, zona de habitabilidad o transferencia horizontal de genes; para comentar los más recientes avances en el estudio del desarrollo del cerebro humano, la influencia de los impactos de meteoritos sobre la biosfera, la distribución de las comunidades microbianas que viven a grandes profundidades bajo la superficie de la Tierra, la selección sexual en los dinosaurios o el papel de los virus en la evolución y en el equilibrio de los ecosistemas actuales; para tratar el origen y las características de otros sistemas planetarios, incluyendo el análisis de los instrumentos de detección; y para describir la historia geológica de la Tierra, su atmósfera y sus océanos, y el origen y la evolución temprana de la vida. Todas estas cuestiones, y algunas más, han encontrado eco en esta web; y todas ellas, y muchas más, están configurando poco a poco el cuerpo doctrinal de la Astrobiología, una ciencia interdisciplinar y extremadamente dinámica cuya historia no ha hecho más que comenzar.
Superficie de Europa
Se cree que la superficie de Europa está constituida por una capa de hielo de agua cuyo espesor es objeto de debate: algunos modelos sugieren que es una cubierta gruesa, de 10 a 30 kilómetros de potencia, mientras otros resultados parecen indicar que solamente se trata de unos pocos kilómetros. Durante años, se ha especulado con la posibilidad de que bajo la capa de hielo se esconde un gran océano de agua líquida y salada, de magnitud varias veces superior a todos los océanos de la Tierra juntos. (NASA/JPL/DLR) Click para ampliar!
 
 
Ithaca (New York), EEUU, 25 de Marzo de 2013.
 
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