Los Agujeros Negros y la Paradoja de la
Información en la Teoría de Cuerdas
Juan
Martín Maldacena |
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Los agujeros
negros son los objetos más exóticos
y extremos del Universo. Su existencia fue predicha
teóricamente, y hoy casi no existen dudas
de que realmente están allí. En
la presente nota, el destacado físico
Juan M. Maldacena nos da una lúcida mirada
a los avances que se están realizando
en física teórica para comprender
mejor, y poner absolutamente bajo el marco teórico,
a estos oscuros objetos. |
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os antiguos
pensaban que el espacio y el tiempo eran entidades preexistentes en
las que el movimiento tenía lugar. Por supuesto, ésta
es también nuestra ingenua intuición. Pero, según
la teoría de Einstein de la relatividad general, sabemos que
esto no es cierto. El espacio y el tiempo son objetos dinámicos
que están combinados en un objeto único, el “espacio-tiempo”,
cuya forma es modificada por los cuerpos que se mueven en él.
La fuerza de gravedad ordinaria es consecuencia de esta deformación
del
espacio-tiempo. El espacio-tiempo es una entidad física que
afecta al movimiento de las partículas y, a su vez, es afectado
por el movimiento de las mismas partículas. Por ejemplo, la
Tierra deforma el espacio-tiempo de tal manera que relojes situados
en diferentes altitudes marcharán a velocidades diferentes.
Para la Tierra, éste es un muy pequeño (pero mensurable)
efecto. Sin embargo, para un objeto muy masivo y muy compacto la deformación
(o curvatura) del espacio-tiempo puede tener un gran efecto. Por ejemplo,
en la superficie de una estrella de neutrones un reloj funciona más
lento, digamos al 70 por ciento de la velocidad de un reloj que esté
más alejado.
De hecho, uno puede tener un objeto extremadamente masivo como para
que el tiempo se detenga por completo. Estos son los denominados agujeros
negros. La relatividad general predice que un objeto que sea muy masivo
y lo suficientemente compacto colapsará en un agujero negro.
Un agujero negro es una predicción de la relatividad general
tan sorprendente que se necesitaron muchos años para ser debidamente
reconocida como una predicción. El mismo Einstein pensaba que
no era una predicción verdadera, sino una exagerada simplificación
matemática. Ahora sabemos que son predicciones claras de la
teoría. Además, existen objetos en el cielo que probablemente
sean agujeros negros.
Los agujeros negros son grandes agujeros en el espacio-tiempo. Tienen
una superficie que se llama “horizonte”. Es una superficie
que marca un punto de no retorno. Una persona que la cruce no podrá
regresar jamás. Sin embargo, no va a sentir nada especial cuando
atraviese el horizonte. Sólo un tiempo después se sentirá
muy incómodo cuando se aplaste contra una “singularidad”,
una región con campos gravitatorios muy altos. El horizonte
es lo que hace “negros” a los agujeros negros, nada puede
escapar del horizonte, ni siquiera la luz. Afortunadamente, si usted
se queda fuera del horizonte, nada malo le sucederá. La singularidad
permanece oculta detrás del horizonte. |
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Algo sorprendente sucede cuando tenemos en cuenta los
efectos de la mecánica cuántica. Debido a las fluctuaciones
de la mecánica cuántica cerca del horizonte, los agujeros
negros deberían emitir radiación, la llamada “radiación
de Hawking”. Ésta es una famosa predicción teórica
que Stephen Hawking hizo en los años setenta del siglo pasado.
Esto significa que los agujeros negros no son completamente negros.
Un agujero negro puede brillar, como una brasa, o, si está
lo suficientemente caliente, uno puede tener incluso la contradictoria
posibilidad de un agujero negro blanco. Un agujero negro se
calienta más, cuanto más pequeño es. Un agujero
negro blanco debería tener el tamaño de una bacteria,
y la masa de un continente. Aunque teóricamente son posibles,
se desconoce si tales agujeros se producen naturalmente en algún
lugar del Universo. Los agujeros negros que se producen naturalmente
tienen masas mayores que la del Sol, y tamaños superiores a
unos pocos kilómetros. Se supone que estos agujeros negros
también emiten la mencionada radiación de Hawking, pero
la misma está enmascarada por otra materia que cae en el agujero
negro. Por esta razón, la radiación de Hawking no ha
sido detectada directamente. Sin embargo, el argumento que conduce
a ella es tan sólido que la mayoría de los científicos
que la han estudiado piensan que es una predicción muy clara.
La existencia de esta radiación tiene consecuencias importantes.
La primera es que los agujeros negros tienen una temperatura. Sabemos
que la temperatura es debida al movimiento de los constituyentes elementales
del objeto. Por ejemplo, el aire es más cálido o más
fresco según las moléculas se muevan a mayor o menor
velocidad. En el caso de los agujeros negros, ¿qué es
lo que se mueve? Los agujeros negros sólo son gravedad, así
que lo que se mueve es el mismo espacio-tiempo. Desde el siglo XIX,
hemos comprendido que cuando tenemos sistemas térmicos podemos
calcular una cantidad llamada “entropía”, que nos
informa sobre el número de configuraciones microscópicas
que tiene el sistema. De la fórmula de Hawking para la temperatura
de un agujero negro, uno también puede hallar esta entropía.
La misma resulta ser proporcional al área del horizonte, o
al cuadrado de la masa del agujero negro. Esto también es un
poco extraño. La entropía de casi todas las sustancias
aumenta en proporción a la cantidad de sustancia que tenemos.
Aquí aumenta según el cuadrado. Es realmente un caso
de “cuanto más, mejor”.
Una segunda consecuencia de la radiación de Hawking es que
los agujeros negros pierden masa, ya que irradian energía.
Por lo tanto, un agujero negro dejado solo en un hipotético
universo vacío, eventualmente desaparecería por completo.
Llamamos a este proceso “evaporación del agujero negro”,
ya que el agujero negro parece evaporarse como una gota de agua.
La radiación de Hawking de los agujeros negros ha dado lugar
a interrogantes teóricos muy profundos e interesantes. Einstein
nos ha enseñado que el espacio-tiempo es un objeto físico.
También sabemos que todos los demás objetos físicos,
tales como los constituidos por materia o radiación, obedecen
las leyes de la mecánica cuántica. Por lo tanto, el
espacio-tiempo no debería ser diferente y también debería
obedecer las leyes de la mecánica cuántica. Cualquier
teoría de la mecánica cuántica del espacio-tiempo,
debería ser capaz de describir con precisión cómo
los agujeros negros se forman y se evaporan. También debería
proporcionar una explicación precisa para la entropía
de un agujero negro.
Uno encuentra aquí una interesante paradoja. Clásicamente,
la información de todo lo que cayó en el agujero negro
permanece oculta detrás de su horizonte. Por otro lado, la
radiación de Hawking implica que el agujero negro emite radiación
térmica. Esta radiación térmica aparentemente
no transporta información sobre las cosas que cayeron en él,
ya que esta radiación se genera en las proximidades del horizonte.
Así, el agujero negro se puede formar de muchas maneras diferentes,
pero parece evaporarse siempre del mismo modo. Esto es una contradicción
con la mecánica cuántica estándar. En la mecánica
cuántica (como en la mecánica clásica) la información
sobre un sistema no se pierde. Condiciones iniciales diferentes conducen
a resultados diferentes. Puede darse el caso de que a veces los resultados
sean muy similares. Por ejemplo, si se pone este artículo en
una trituradora de papel, uno parece perder lo que se escribió
en él. Sin embargo, uno podría, en principio, juntar
de nuevo todas las partes. Hawking sugirió que la existencia
de los agujeros negros implicaba que este principio básico
de la mecánica cuántica no se cumpliría en presencia
de la gravedad. Es decir, la radiación procedente de los agujeros
negros sería completamente térmica, y sin la información
de lo que cayó en los mismos. Por lo tanto, los agujeros negros
parecen ser sumideros de información, ¡monstruos perversos
que amenazan a las leyes fundamentales de la mecánica cuántica! |
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La teoría de cuerdas es una teoría que
se desarrolla para describir la mecánica cuántica del
espacio-tiempo. Como tal, la teoría debería explicar
si los agujeros negros son consistentes o no con la mecánica
cuántica. En realidad, puesto que la teoría de cuerdas
obedece a los principios usuales de la mecánica cuántica,
pensamos que la información no debería perderse en los
agujeros negros. Por esta razón el problema de la pérdida
de información se ha estudiado activamente durante la década
de los noventa. El problema era difícil de encarar en la formulación
original de la teoría de cuerdas, debido a que el espacio-tiempo
cuántico se describía partiendo de un espacio-tiempo
plano, y luego se consideraban pequeñas fluctuaciones cuánticas,
u ondas, que se propagaban en él. Siempre y cuando estas ondas
interactúen débilmente entre sí, la teoría
se mantiene relativamente simple. Sin embargo, para formar un agujero
negro uno necesita apartarse muchísimo de un espacio-tiempo
plano. Se necesita juntar una gran cantidad de estas ondas, y para
cuando el agujero negro se forme, la formulación más
simple de la teoría de cuerdas se vuelve inmanejable.
A mediados de los años noventa, Joseph Polchinski (de la Universidad
de California, Santa Bárbara) hizo un gran avance al descubrir
que la teoría de cuerdas contiene otros objetos, llamados D-branas.
Tienen un nombre extraño por razones que no son importantes
para nosotros. Mentalmente se les puede dar cualquier otro nombre
que uno encuentre más agradable. Éstos son objetos similares
a partículas que son más pesados que las ondulaciones
del espacio-tiempo que discutimos anteriormente. Sin embargo, se puede
dar una descripción muy precisa de ellos dentro de las reglas
de la teoría de cuerdas. Rápidamente se hizo evidente
de que eran ideales para el estudio de los agujeros negros.
La descripción de una sola D-brana es bastante simple. Una
sola D-brana es muy similar a una partícula; está caracterizada
por su posición en el espacio. Sin embargo, una D-brana sola
no es lo suficientemente pesada como para curvar el espacio-tiempo
de un modo significativo. Por lo tanto, lo que necesitamos es reunir
a muchas D-branas. Y al juntarlas, emerge una sorprendente nueva simetría.
En la mecánica cuántica ordinaria, las partículas
elementales son idénticas, en el sentido de que no hay manera
de distinguirlas. La descripción completa es totalmente invariante
bajo el intercambio de cualesquiera dos partículas elementales
idénticas, tales como dos electrones. Las D-branas son invariantes
bajo un grupo de simetría mayor: una simetría completamente
continua, denominada simetría de “gauge”. (Para
los que gustan de las matemáticas, este grupo es el SU(N) en
lugar del grupo de permutaciones SN). Cuando “N” D-branas
se unen, las posiciones de las branas se convierten en matrices de
N x N. Una matriz es un arreglo de números. Habríamos
esperado que las N branas fueran descritas por N posiciones, las posiciones
de cada uno de estos objetos por separado. Sin embargo, encontramos
que son descritas por N2 números. La dinámica
de estas N2 variables está gobernada por una teoría
de gauge. Las teorías de gauge son muy importantes para la
descripción de la naturaleza; las usamos para describir tres
de las fuerzas (la electromagnética, la débil y la fuerte).
Ahora, si deseamos separar considerablemente las D-branas, descubrimos
que existe una fuerza que no permite que sean separadas, a menos que
las matrices sean diagonales, reduciéndose entonces el problema
a la descripción habitual en términos de N partículas
idénticas. Cuando todas estas D-branas están muy juntas,
el número de posibles maneras de organizarlas crece muy rápido
en función de su número. Crece según N2,
en lugar de N como se esperaba para un sistema extenso ordinario.
Esto se ha vuelto un poco abstracto, así que vamos a hacer
una analogía. Supongamos que las D-branas son personas. Imaginemos
que tenemos un grupo de N personas (digamos que N es un número
grande, por ejemplo, mil). Ahora imagine que cada persona puede estar
feliz o triste. La entropía es precisamente la información
que uno necesita para especificar completamente el estado emocional
de todo el grupo. En este caso es necesario especificar N bits de
información: si cada una de las N personas está feliz
o triste. Si N es mil, se necesita un kilobit de información.
Por otro lado, imaginemos que cada persona puede gustar, o no, de
cada una de las restantes personas. Ahora, para capturar el conjunto
completo de “me gusta” o “no me gusta” de
todo el grupo, uno necesita proporcionar N2 bits de información.
Si N es mil, se necesita pues un megabit de información. El
caso de los agujeros negros es similar a esta última situación,
donde uno tiene que hacer un seguimiento de las variables que involucran
pares de D-branas, en lugar de D-branas solas. En esta analogía,
uno sólo puede separar las D-branas cuando ellas “no
gustan” de todas las demás D-branas (y recíprocamente),
por lo que el número de configuraciones se vuelve mucho más
pequeño.
Un gran número de D-branas son lo suficientemente pesadas como
para curvar el espacio-tiempo alrededor de ellas, y producir así
un agujero negro. A los efectos de producir un agujero negro con cierta
temperatura, es necesario excitar a estos N2 grados de libertad. Esto
lleva a una precisa estimación microscópica de la entropía
de los agujeros negros, tal como fue demostrado por Andrew Strominger
y Cumrun Vafa (ambos ex miembros del IAS). Estos N2 grados de libertad
producen un estado altamente entrelazado que no puede ser descrito
en términos del movimiento de las partículas individuales.
Sin embargo, puede ser descrito de manera muy precisa en términos
de la teoría de gauge de las matrices de N x N. Esta teoría
de gauge no es muy diferente de las que utilizamos para describir
la fuerza fuerte en la naturaleza. Algunos detalles son diferentes.
No obstante, en algunos aspectos muy importantes, es la misma. En
primer lugar, obedece a las reglas usuales de la mecánica cuántica.
En segundo lugar, vive en un espacio-tiempo fijo, en este caso, el
punto del espacio-tiempo donde se encuentran las branas.
En realidad, esto nos lleva a una contradicción aparente. Por
un lado, decimos que podemos describir las branas en términos
de una teoría de gauge que vive en un punto espacial. Por otro
lado, decimos que las branas forman un agujero negro, el cual tiene
un horizonte con un tamaño distinto de cero.
De hecho, en la teoría de cuerdas, estas dos descripciones
se consideran equivalentes. La teoría de gauge describe toda
la región alrededor del agujero negro. Si observamos al agujero
negro desde muy lejos, éste se ve como un punto –es por
eso que las matrices viven en un punto. Por otro lado, las matrices
también dan origen a toda la región del espacio-tiempo
alrededor del horizonte del agujero negro. Ésta es la correspondencia
gauge/gravedad propuesta por mí y por Edward Witten (en el
IAS), y por Steven Gubser, Igor Klebanov, y Alexander Polyakov (en
la Universidad de Princeton).
La teoría de gauge proporciona una descripción precisa
del agujero negro y de su geometría circundante. Se describe
en términos de un sistema mecánico cuántico perfectamente
ordinario. Esto explica su entropía. También da una
descripción completamente mecánico cuántica del
agujero negro y del espacio-tiempo alrededor del mismo. Esta descripción
a veces es denominada “holográfica”, debido a que
todo el espacio-tiempo emerge dinámicamente a partir de una
descripción mecánico cuántica que vive en un
número de dimensiones menor. (Un holograma ordinario tiene
una superficie de dos dimensiones que produce una imagen en tres dimensiones
cuando es iluminada.)
Volviendo a la analogía del grupo de personas y el patrón
de los “me gusta/no me gusta”, la idea es que todo el
espacio-tiempo está codificado en el patrón de los “me
gusta/no me gusta” entre las distintas personas. Una onda de
espacio-tiempo es un cambio en ese patrón. La “teoría
de gauge” es una ley dinámica simple que indica cómo
cambia este patrón.
Esta descripción ha sido explorada activamente aquí
en el Instituto y en otros lugares. En la teoría de cuerdas
se entiende mejor en configuraciones muy especiales. Sin embargo,
se espera que descripciones similares sean válidas para los
agujeros negros en general. Estos desarrollos teóricos se hicieron
con la finalidad de demostrar que los agujeros negros se comportan
como objetos ordinarios de la mecánica cuántica. Más
recientemente, la misma relación está siendo explorada
para modelar sistemas cuánticos en interacción muy fuerte
por medio de los agujeros negros. Por lo tanto, en cierto sentido,
los agujeros negros se han convertido en una fuente de información,
¡más que ser sumideros como alguna vez se temió! |
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Fuente: Institute
for Advanced Study (IAS), Princeton, New Jersey (EEUU)
Versión en español: Wilfredo Orozco |
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| Mendoza, Argentina, 12 de Noviembre de 2012. |
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