Biografías: Albert Einstein (1879-1955)
Redacción |
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 lbert
Einstein nació en Ulm, Württemberg, Alemania, el 14 de
marzo de 1879. Seis semanas después su familia se mudó
a Munich, comenzando allí sus estudios a edad escolar en el
Gimnasio de Luitpold. Con posterioridad, la familia Einstein se trasladó
a Italia y Albert continuó con su educación en Aarau,
Suiza e ingresando en 1896 a la Escuela Politécnica Federal
Suiza en Zurich para ser educado como profesor en física y
matemáticas. En 1901, el año de su graduación,
Einstein adquirió la ciudadanía suiza y, como no podía
conseguir ningún empleo relacionado con la educación,
tuvo que aceptar una posición como ayudante técnico
en la Oficina de Patentes Suiza. En 1905 Einstein obtuvo su doctorado.
Durante su estadía en la Oficina de Patentes, y en su tiempo
libre, produjo mucho de su notable trabajo y en 1908 fue nombrado
"Privatdozent" en Berna. En 1909 se convirtió en
"Professor Extraordinary" en Zurich, y en 1911 Profesor
de Física Teórica en Praga, regresando a Zurich al año
siguiente para cumplir con un trabajo similar. En 1914 fue designado
Director del Instituto de Física Kaiser Wilhelm y también
fue nombrado Profesor en la Universidad de Berlín. Obtuvo la
ciudadanía alemana en 1914, pero renunció a la misma
por razones políticas en 1933, emigrando a los Estados Unidos
para tomar un cargo de Profesor de Física Teórica en
Princeton. Se convirtió en ciudadano norteamericano en 1940,
retirándose de su trabajo en 1945.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Einstein era un miembro
destacado del Movimiento Gubernamental Mundial, e incluso en 1952
se le ofreció la Presidencia del Estado de Israel, que él
rechazó, y colaboró activamente con el Dr. Chaim Weizmann
para el establecimiento de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Einstein siempre parecía tener ideas claras sobre los problemas
físicos y la determinación para resolverlos. Tenía
una estrategia propia y era capaz de visualizar las fases principales
para el cumplimiento de su meta. Él consideraba a sus logros
mayores como meros escalones hacia los próximos avances.
Al inicio de su trabajo científico, Einstein comprendió
las limitaciones de la mecánica Newtoniana y su teoría
especial de la relatividad se originó en un esfuerzo por conciliar
las leyes de la mecánica con las leyes del campo electromagnético.
Einstein trató con los problemas clásicos de la mecánica
estadística y otros problemas en los cuales también
intervenía la teoría cuántica: esto condujo a
una explicación del movimiento Browniano de las moléculas.
Investigó las propiedades termales de la luz con una densidad
de radiación baja y sus observaciones contribuyeron a la fundación
de la teoría del fotón de luz.
En sus primeros días en Berlín, Einstein postuló
que la interpretación correcta de la teoría especial
de la relatividad también debería proporcionar una teoría
de la gravitación, y en 1916 publicó su artículo
sobre la teoría general de la relatividad. Durante este tiempo
contribuyó también con los problemas de la teoría
de la radiación y la mecánica estadística. |
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"La teoría especial de la
relatividad está basada en la idea de que las leyes
de la ciencia deben ser las mismas para todos los observadores
que se mueven libremente, no importa cual sea su velocidad"
"La teoría general de la relatividad está
basada en la idea de que las leyes de la ciencia deben ser
las mismas para todos los observadores, no importa cómo
se estén moviendo. Explica la fuerza de la gravedad
en términos de la curvatura de un
espacio-tiempo de cuatro dimensiones" |
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En los 1920's, Einstein se involucró en la formulación
de las teorías del campo unificado, aunque continuó
trabajando en la interpretación probabilística de la
teoría cuántica, y continuó con este trabajo
en los EE.UU.. Contribuyó igualmente a la mecánica estadística
por su desarrollo de la teoría cuántica de un gas monoatómico
y también obtuvo valiosos resultados en relación a las
probabilidades de transición atómica y también
la cosmología relativista.
Después de su retiro continuó trabajando a favor de
la unificación de los conceptos básicos de la física,
siguiendo un método opuesto, la geometrización, al que
seguían la mayoría de físicos.
Las investigaciones de Einstein están, por supuesto, bien documentadas
y sus trabajos más importantes incluyen: Special Theory
of Relativity (1905), Relativity (English translations,
1920 and 1950), General Theory of Relativity (1916), Investigations
on Theory of Brownian Movement (1926), and The Evolution of
Physics (1938). Entre sus trabajos no-científicos: About
Zionism (1930), Why War? (1933), My Philosophy (1934),
and Out of My Later Years (1950) son quizás los más
importantes.
Albert Einstein recibió numerosos grados de doctorado honorario
en ciencia, medicina y filosofía de muchas universidades europeas
y americanas. Durante los años 1920's disertó en Europa,
América y el Lejano Este y fue reconocido por las principales
universidades del mundo entero. Ganó numerosos premios en reconocimiento
de su trabajo, incluso la Medalla Copley de la Sociedad Real de Londres
en 1925, y la Medalla Franklin del Instituto Franklin en 1935.
La música jugó un rol importantísimo en su vida,
a la cual usaba como un medio de relajación. Se casó
con Mileva Maric en 1903, unión de la cual nacieron una hija
y dos hijos; su matrimonio finalmente se disolvió en 1919 y
en el mismo año Albert se casó con su prima, Elsa Löwenthal
quien falleció en 1936. Einstein murió el 18 de abril
de 1955 en Princeton, New Jersey. |
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| Para
saber más... |
FRAGMENTO DE LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD
Albert Einstein y otros Espacio
y tiempo en la mecánica clásica
Si yo formulara la tarea de la mecánica del siguiente
modo: «La mecánica debe describir cómo
varía con el tiempo la posición de los cuerpos
en el espacio», sin añadir prolijas consideraciones
y explicaciones detalladas, estaría cargando sobre
mi conciencia algunos pecados mortales contra el santo espíritu
de la claridad; en primer lugar, descubramos estos pecados.
No
está claro lo que hay que entender aquí por
«posición» y «espacio». Me
encuentro en la ventanilla de un vagón de ferrocarril
animado de un movimiento uniforme y dejo caer una piedra
sobre el terraplén, sin comunicar a aquélla
impulso alguno. Veré entonces (prescindiendo de la
influencia de la resistencia del aire) que la piedra cae
en línea recta. Un peatón que observa la fechoría
desde la carretera nota que la piedra cae a tierra según
un arco de parábola... Pregunto ahora: las «posiciones»
que recorre la piedra, ¿se hallan «en realidad»
sobre una recta o sobre una parábola? ¿Qué
significa además aquí movimiento «en
el espacio»? A partir de las consideraciones previas,
la respuesta es evidente. En primer lugar dejamos a un lado
la oscura palabra «espacio», bajo la cual —reconozcámoslo
sinceramente— no podemos formarnos ni el más
ligero concepto, y la sustituimos por «movimiento
con respecto a un cuerpo de referencia prácticamente
rígido». Las posiciones con respecto al cuerpo
de referencia (vagón de ferrocarril o suelo de la
tierra) fueron ya definidas con detalle en la sección
anterior. Si en lugar de «cuerpo de referencia»
introducimos el concepto de «sistema de coordenadas»,
concepto útil con vistas a una descripción
matemática, podemos decir entonces: respecto a un
sistema de coordenadas rígidamente unido al vagón,
la piedra describe una recta; respecto a un sistema de coordenadas
rígidamente unido al suelo, una parábola.
En este ejemplo se ve claro que no existe ninguna trayectoria
propiamente dicha, sino sólo trayectorias con relación
a un cuerpo de referencia determinado.
Ahora bien, no existirá una descripción completa
del movimiento en tanto no se especifique cómo varía
la posición del cuerpo con el tiempo, es decir, para
cada punto de la trayectoria hay que especificar en qué
momento se encuentra allí el cuerpo. Estos datos
han de completarse con una definición de tiempo tal
que, en virtud de ella, podamos considerar esos valores
del tiempo como magnitudes esencialmente observables (resultados
de mediciones). En el caso de nuestro ejemplo —y moviéndonos
en el terreno de la mecánica clásica—
podemos satisfacer ese requisito de la manera siguiente.
Imaginemos dos relojes de idéntica construcción,
uno de ellos en manos del hombre que está en la ventanilla
del vagón de ferrocarril y el otro en manos del hombre
que se encuentra en el camino de peatones. Cada uno de ellos
determina en qué lugar de su propio cuerpo de referencia
se halla la piedra cada vez que el reloj que tiene en su
mano marca un «tic». Aquí prescindiremos
del análisis de la imprecisión introducida
como consecuencia de la finitud de la velocidad de propagación
de la luz. De ello y de una segunda dificultad que también
prevalece aquí hablaremos con detalle más
adelante.
El
principio de la relatividad (en sentido restringido)
Con el fin de alcanzar la máxima claridad partiremos
una vez más del ejemplo del vagón del ferrocarril
que viaja uniformemente. Su movimiento lo denominamos traslación
uniforme («uniforme» porque su velocidad y dirección
son constantes, «traslación» porque si
bien el vagón varía de posición con
respecto al terraplén, al hacerlo no ejecuta rotación
alguna). Imaginemos que un cuervo vuela en línea
recta y uniformemente —visto desde el terraplén—
por los aires. Observado desde el vagón en marcha,
el movimiento del cuervo sería ciertamente un movimiento
de distinta velocidad y distinta dirección, pero
seguiría siendo rectilíneo y uniforme. Expresado
lo mismo de un modo abstracto podemos decir: si una masa
m se mueve rectilínea y uniformemente con respecto
a un sistema de coordenadas K, también se moverá
rectilínea y uniformemente con respecto a un segundo
sistema de coordenadas K’, siempre que este último
ejecute con respecto a K un movimiento de traslación
uniforme. Teniendo en cuenta la digresión de la sección
anterior, se sigue que:
Si K es un sistema de coordenadas de Galileo, entonces también
será de Galileo cualquier otro sistema de coordenadas
K’ que con respecto a K posea un movimiento de traslación
uniforme. Con respecto a K’ las leyes de la mecánica
de Galileo-Newton son igual de válidas que con respecto
a K.
Demos un paso más en el proceso de generalización
y expresemos el siguiente principio: si K’ es con
respecto a K un sistema de coordenadas animado de un movimiento
uniforme y libre de rotación, entonces los sucesos
de la naturaleza transcurren con respecto a K’ según
unas leyes generales que son exactamente las mismas que
con respecto a K. Esta afirmación la denominamos
«principio de la relatividad» (en sentido restringido).
El segundo argumento, sobre el que volveremos más
adelante, es el siguiente. Si el principio de la relatividad
(en sentido restringido) no es válido, entonces los
sistemas de coordenadas de Galileo K, K’, K”,
etc., que se mueven uniformemente unos con respecto a otros,
no serán equivalentes a la hora de describir los
sucesos de la naturaleza. No tendríamos por menos
entonces que pensar que las leyes de la naturaleza sólo
se podrían formular de una manera sencilla y natural
si de entre todos los sistemas de coordenadas de Galileo
eligiésemos uno (K0), con un estado de movimiento
determinado, como cuerpo de referencia. A este sistema lo
calificaríamos con toda razón (por sus excelencias
en la descripción de la naturaleza) de «absolutamente
en reposo», mientras que de todos los demás
sistemas K de Galileo diríamos que son «móviles».
Por ejemplo, si el terraplén fuese el sistema K0,
nuestro vagón de ferrocarril sería un sistema
K con relación al cual se cumplirían leyes
menos sencillas que con respecto a K0. Esta menor simplicidad
sería imputable al hecho de que, con respecto a K0
(es decir, «realmente»), el vagón K se
halla en movimiento. En las leyes generales de la naturaleza
formuladas con respecto a K tendrían que desempeñar
cierto papel la magnitud y la dirección de la velocidad
de marcha del vagón. Por ejemplo, sería de
esperar que el tono de un tubo de órgano fuese distinto
al colocar este último con su eje paralelo a la dirección
de marcha que al colocarlo perpendicular a la misma. Ahora
bien: debido a su movimiento orbital en torno al sol, nuestra
tierra es comparable a un vagón que viajase a una
velocidad de unos 30 km por segundo. Por consiguiente, en
el caso de que el principio de la relatividad no fuere válido,
sería de esperar que la dirección del movimiento
de la tierra en cada momento interviniese en las leyes de
la naturaleza y que, por ende, el comportamiento de los
sistemas físicos dependiese de la orientación
espacial con respecto a la tierra. Pues debido a la alteración
que en el transcurso del año se opera en la dirección
de la velocidad de revolución de la tierra, ésta
no puede hallarse todo el año en reposo con relación
al hipotético sistema K0. Sin embargo, y pese al
esmero que se ha puesto en ello, jamás se ha logrado
observar una tal anisotropía del espacio físico
terrestre, es decir, una no-equivalencia física de
las distintas direcciones. Esto constituye un argumento
de peso en favor del principio de la relatividad.
Fuente: Einstein, Albert y otros. La teoría de
la relatividad. Madrid: Alianza Editorial, 1978. |
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FRAGMENTO
DE EL QUARK Y EL JAGUAR Murray Gell-Mann
La
gravitación universal: Newton y Einstein
La gravitación constituye otro caso extraordinario
de ley universal. Isaac Newton elaboró la primera versión,
seguida dos siglos y medio después por otra más
exacta, la teoría de la relatividad general de Albert
Einstein.
Newton tuvo su brillante intuición sobre la universalidad
de la gravitación a la edad de veintitrés años.
En 1665 la Universidad de Cambridge se vio obligada a cerrar
sus puertas debido a la peste, y Newton, licenciado de nuevo
cuño, regresó a la casa de su familia en Woolsthorpe,
Lincolnshire. Allí, entre 1665 y 1669, comenzó
a desarrollar el cálculo diferencial e integral, así
como la ley de la gravitación y sus tres leyes del
movimiento. Además, llevó a cabo el famoso experimento
de la descomposición de la luz blanca en los colores
del arco iris por medio de un prisma. Cada uno de estos trabajos
representó por sí solo un hito, y aunque a los
historiadores de la ciencia les gusta recalcar que Newton
no los completó en un único annus mirabilis,
admiten que dio un buen impulso a todos ellos en ese período
de tiempo. Como le gusta decir a mi esposa, la poetisa Marcia
Southwick, sin duda podría haber escrito una redacción
impresionante sobre el tema «Qué he hecho en
mis vacaciones de verano».
La leyenda relaciona el descubrimiento de Newton de una ley
universal de la gravitación con la caída de
una manzana. ¿Sucedió realmente dicho episodio?
Los historiadores de la ciencia no están seguros, pero
no rechazan completamente esta posibilidad, pues hay cuatro
fuentes distintas que hacen referencia al mismo. Una de ellas
es la versión del historiador Conduitt: «En
1666 se retiró de nuevo... a su casa natal en Lincolnshire
y, mientras estaba descansando en un jardín, se le
ocurrió que la fuerza de la gravedad (que hace caer
al suelo las manzanas que cuelgan del árbol) no estaba
limitada a una cierta distancia desde la superficie de la
Tierra, sino que podría extenderse mucho más
lejos de lo que se pensaba. ¿Por qué no tan
lejos como la Luna?, se dijo, y si así fuese tal vez
podría influir en su movimiento y retenerla en su órbita.
Inmediatamente comenzó a calcular cuáles serían
las consecuencias de esta suposición, pero como no
tenía libros a mano, empleó la estimación
en uso entre geógrafos y marinos desde que Norwood
había establecido que un grado de latitud sobre la
superficie de la Tierra comprende 60 millas inglesas. Con
esta aproximación sus cálculos no concordaban
con su teoría. Este fracaso le llevó a considerar
la idea de que, junto con la fuerza de gravedad, podría
superponerse la que la Luna experimentaría si se viese
arrastrada en un vórtice...»
En esta narración de los hechos pueden verse en acción
algunos de los procesos que de vez en cuando tienen lugar
en la vida de un científico teórico. Una idea
le asalta a uno repentinamente. La idea hace posible la conexión
entre dos conjuntos de fenómenos que antes se creían
separados. Se formula entonces una teoría, algunas
de cuyas consecuencias pueden predecirse; en física,
el teórico «deja caer un cálculo»
para determinarlas. Las predicciones pueden no estar de acuerdo
con la experiencia, incluso aunque la teoría sea correcta,
ya sea porque haya un error en las observaciones previas (como
en el caso de Newton), ya sea porque el teórico haya
cometido un error conceptual o matemático al aplicar
la teoría. En este caso, el teórico puede modificar
la teoría correcta (simple y elegante) y elaborar otra,
más complicada, remendada a fin de acomodar el error.
¡Observemos el fragmento final de la cita de Conduitt
sobre la peregrina fuerza de «vórtice»
que Newton pensó añadir a la fuerza de gravedad!
Finalmente, las discrepancias entre teoría y observación
se resolvieron y la teoría de la gravitación
universal de Newton fue aceptada hasta su sustitución
en 1915 por la teoría de la relatividad general de
Einstein, que concuerda con la de Newton en el dominio en
que todos los cuerpos se mueven muy lentamente en comparación
con la velocidad de la luz. En el sistema solar, los planetas
y satélites viajan a velocidades del orden de decenas
de kilómetros por segundo, mientras que la velocidad
de la luz es de alrededor de 300.000 kilómetros por
segundo. Las correcciones einsteinianas de la teoría
de Newton son pues prácticamente inapreciables, y sólo
pueden detectarse en un número muy reducido de observaciones.
La teoría de Einstein ha superado todas las pruebas
a las que ha sido sometida.
El reemplazo de una teoría excelente por otra aún
mejor ha sido descrito de modo particular en el libro de Thomas
Kuhn La estructura de las revoluciones científicas,
cuyo punto de vista ha ejercido una enorme influencia. Este
autor presta especial atención a los «cambios
de paradigma», usando la palabra «paradigma»
en un sentido bastante especial (¡podría decirse
que abusando de ella!). Su tratamiento enfatiza los cambios
que, en cuestiones de principio, se producen al imponerse
una teoría mejorada.
En el caso de la gravitación, Khun podría señalar
el hecho de que la teoría newtoniana hace uso de la
«acción a distancia», es decir, de una
fuerza gravitatoria que actúa instantáneamente,
mientras que en la teoría einsteniana la interacción
gravitatoria se propaga a la velocidad de la luz, al igual
que la interacción electromagnética. En la teoría
no relativista de Newton, el espacio y el tiempo se consideran
separados y absolutos, y la gravedad no está relacionada
en forma alguna con la geometría; por su parte, en
la teoría de Einstein, el espacio y el tiempo se confunden
(como ocurre siempre en la física relativista) y la
gravedad se halla íntimamente relacionada con la geometría
del espacio-tiempo. La relatividad general, a diferencia de
la gravitación newtoniana, está fundamentada
en el principio de equivalencia: es imposible distinguir localmente
entre un campo gravitatorio y un sistema de referencia uniformemente
acelerado (como un ascensor). Lo único que un observador
puede percibir o medir localmente es la diferencia entre su
aceleración propia y la aceleración local debida
a la gravedad.
La interpretación basada en el cambio de paradigma
se centra en las profundas diferencias filosóficas
y de lenguaje entre la teoría antigua y la nueva. Kuhn
no subraya el hecho (aunque, por supuesto, lo menciona) de
que la vieja teoría puede proporcionar una aproximación
suficientemente válida para realizar cálculos
y predicciones dentro del dominio para el que fue desarrollada
(en este caso sería el límite de velocidades
relativas muy bajas). Sin embargo, me gustaría destacar
esta característica, pues en la competencia entre esquemas
en el marco de la empresa científica, el triunfo de
un esquema sobre otro no implica necesariamente que el anterior
sea abandonado y olvidado. De hecho, al final puede ser utilizado
con mucha mayor frecuencia que su más preciso y sofisticado
sucesor. Eso es lo que pasa ciertamente con las mecánicas
newtoniana y einsteniana restringidas al sistema solar. La
victoria en la pugna entre teorías científicas
competidoras puede ser más una cuestión de degradación
de la teoría antigua y promoción de la nueva
que de muerte de la teoría desbancada. (Ni que decir
tiene que a menudo la vieja teoría pierde todo valor,
y entonces sólo los historiadores de la ciencia se
molestan en discutir sobre ella.)
La ecuación de Einstein para la relatividad general:
Gµv = 8 pKTµv representa
para la gravitación lo que las ecuaciones de Maxwell
para el electromagnetismo. El lado izquierdo de la ecuación
hace referencia a la curvatura del espacio-tiempo (al campo
gravitatorio), y el lado derecho a la densidad de energía,
etc., de todo lo que no es campo gravitatorio. Expresa en
una única y pequeña fórmula las características
universales de los campos gravitatorios en todo el cosmos.
A partir de las masas, las posiciones y las velocidades de
todas las partículas materiales, puede calcularse el
campo gravitatorio (y por lo tanto el efecto de la gravitación
sobre el movimiento de un cuerpo de prueba) sea cual sea el
lugar y momento. Es éste un esquema particularmente
poderoso, que resume en un breve mensaje las propiedades generales
de la gravedad en cualquier lugar.
Un crítico podría exigir de nuevo que incluyéramos
como parte del esquema no sólo la fórmula, sino
también una explicación de los símbolos
que la componen. Mi padre, un abogado culto que batalló
por comprender la teoría de Einstein, solía
decir: «Mira qué simple y hermosa es esta teoría,
pero ¿qué significan Tµv y Gµv?»
Como en el caso del electromagnetismo, aunque se tenga que
incluir todo un curso de matemáticas dentro del esquema,
la ecuación de Einstein seguirá siendo un prodigio
de compresión, puesto que describe el comportamiento
de todos los campos gravitatorios dondequiera que se encuentren.
El esquema será todavía extraordinariamente
pequeño, y su complejidad muy baja. La teoría
de la relatividad general de Einstein para la gravedad es,
pues, simple.
Fuente: Gell-Mann, Murray. El quark y el jaguar.
Traducción de Ambrosio García y Romualdo Pastor.
Barcelona: Tusquets Editores, 1995. |
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FRAGMENTO
DE LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD Albert
Einstein y otros
Sobre
el tiempo, el espacio, el lugar y el movimiento
Escolio.
Hasta aquí he establecido la definición de aquellas
palabras que son menos conocidas, y he explicado el sentido
en que quisiera se entendiesen en el siguiente discurso. No
defino tiempo, espacio, lugar ni movimiento, por ser palabras
bien conocidas de todos. Unicamente he de hacer notar que
la gente común no concibe estas cantidades en otro
contexto que el de las relaciones que éstas guardan
con los objetos sensibles. Y de aquí nacen ciertos
prejuicios, para cuya eliminación será conveniente
distinguir entre cantidades absolutas y relativas, verdaderas
y aparentes, matemáticas y comunes. I.
El tiempo absoluto, verdadero y matemático, en sí
mismo y por su propia naturaleza, fluye de una manera ecuable
y sin relación alguna con nada externo, y se conoce
también con el nombre de duración; el tiempo
relativo, aparente y común es una medida sensible y
externa (ya sea exacta o inecuable) de la duración
por medio del movimiento, y se utiliza corrientemente en lugar
del tiempo verdadero; ejemplos de ello son la hora, el día,
el mes, el año. II. El espacio absoluto,
por su propia naturaleza y sin relación alguna con
nada externo, permanece siempre similar e inmovible. El espacio
relativo es una dimensión o medida movible de los espacios
absolutos, que nuestros sentidos determinan de acuerdo con
su posición con respecto a los cuerpos y que por lo
común se toma como espacio inmovible; tal es la dimensión
de un espacio subterráneo, aéreo o celeste,
determinado a través de su posición con respecto
a la tierra. El espacio absoluto y el espacio relativo son
iguales en forma y magnitud; pero no siempre coinciden numéricamente.
Pues al moverse, por ejemplo, la tierra, un espacio cualquiera
de nuestro aire, que relativamente y con respecto a la tierra
permanece siempre igual, en un momento dado ocupará
una cierta parte del espacio absoluto por el que atraviesa
el aire; en otro momento ocupará otra parte distinta
del mismo, y así, entendido en sentido absoluto, irá
modificándose continuamente. III. Lugar
es la parte del espacio que un cuerpo ocupa, y de acuerdo
con el espacio puede ser absoluto o relativo. Obsérvese
que he dicho parte del espacio, no la situación ni
la superficie externa del cuerpo. Pues los lugares de sólidos
iguales son siempre iguales, mientras que sus superficies,
por razón de sus disimilares figuras, son a menudo
desiguales. En sentido propio, las posiciones no poseen cantidad,
ni son tanto los lugares mismos como las propiedades de los
lugares. El movimiento del total y la suma de los movimientos
de las partes es todo uno; es decir, la traslación
del todo fuera de su lugar y la suma de las traslaciones de
las partes fuera de sus lugares es la misma cosa; y, por consiguiente,
el lugar del todo es lo mismo que la suma de los lugares de
las partes, y por esta razón es una propiedad interna
e inherente al cuerpo como un todo. IV. El
movimiento absoluto es la traslación de un cuerpo desde
un lugar absoluto a otro, y movimiento relativo, la traslación
desde un lugar relativo a otro. Así, en un barco a
toda vela, el lugar relativo de un cuerpo es aquella parte
del barco que el cuerpo posee, o aquella parte de la cavidad
que el cuerpo llena y que, por tanto, se mueve junto con el
barco; y reposo relativo es la permanencia de un cuerpo en
la misma parte del barco, o de su cavidad. En cambio, reposo
real, absoluto, es la permanencia del cuerpo en una misma
parte de ese espacio inmovible en que se mueven el barco,
su cavidad y todo cuanto contiene. De aquí que si la
tierra está realmente en reposo, entonces el cuerpo,
que con respecto al barco se halla en reposo relativo, se
moverá real y absolutamente con la misma velocidad
que el barco sobre la tierra. Mas si la tierra también
se mueve, el movimiento verdadero y absoluto del cuerpo se
deberá, en parte, al movimiento verdadero de la tierra
en el espacio inmovible, y, en parte, al movimiento relativo
del barco sobre la tierra; y si el cuerpo se mueve también
con relación al barco, su movimiento verdadero nacerá,
en parte, del movimiento verdadero de la tierra en el espacio
inmovible, y, en parte, de los movimientos relativos tanto
del barco sobre la tierra como del cuerpo sobre el barco;
y de estos movimientos relativos surgirá el movimiento
relativo del cuerpo sobre la tierra. De suerte que si aquella
parte de la tierra donde se halla el barco se mueve realmente
hacia el Este con una velocidad de 10.010 partes, mientras
que el propio barco, a toda vela y con viento muy duro, se
ve impulsado hacia el Oeste con una velocidad expresada por
10 de dichas partes, y si un marinero camina sobre el barco
hacia el Este con una parte de dicha velocidad, entonces el
marinero se estará moviendo realmente, en el espacio
inmovible, hacia el Este con una velocidad de 10.001 partes;
pero relativamente, respecto a la tierra, hacia el Oeste con
una velocidad de nueve de dichas partes [...] Así
como el orden de las partes del tiempo es inmutable, también
lo es el orden de las partes del espacio. Si desplazamos dichas
partes de sus lugares, habrémoslas desplazado (permítasenos
la expresión) fuera de sí mismas. Pues los tiempos
y los espacios son, como si dijéramos, los lugares
tanto de sí mismos como de todas las demás cosas.
Todas las cosas están colocadas en el tiempo según
un orden de sucesión, y en el espacio según
un orden de situación. Son lugares por su propia esencia
o naturaleza, y sería absurdo que el lugar primario
de las cosas fuese movible. Estos son, por tanto, los lugares
absolutos, y los únicos movimientos absolutos son las
traslaciones a partir de estos lugares.
Mas, comoquiera que las partes del espacio no se pueden ver,
ni distinguir una de otra por medio de nuestros sentidos,
es así que en su lugar utilizamos medidas sensibles
de ellas. De suerte que a partir de las posiciones y distancias
desde un cuerpo cualquiera considerado como inmovible definimos
todos los lugares, y luego, respecto a tales lugares, estimamos
todos los movimientos, considerando los cuerpos en tanto que
transferidos de uno de estos lugares a otro. Y así,
en vez de lugares y movimientos absolutos, utilizamos movimientos
y lugares relativos; lo cual no supone inconveniente alguno
para los asuntos comunes; mas en las disquisiciones filosóficas
debemos hacer abstracción de nuestros sentidos y considerar
las cosas en sí mismas, distinguiéndolas de
lo que únicamente son medidas sensibles de ellas. Pues
pudiera ser que no exista ningún cuerpo que se halle
realmente en reposo y al cual puedan referirse los lugares
y movimientos de todos los demás.
Fuente: Einstein, Albert y otros. La teoría de
la relatividad. Madrid: Alianza Editorial, 1978. |
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SOBRE
ALBERT EINSTEIN Stephen W. Hawking
La conexión de Einstein con la política de la
bomba nuclear es bien conocida: firmó la famosa carta
al presidente Franklin Roosevelt que impulsó a los
Estados Unidos a plantearse en serio la cuestión, y
tomó parte en los esfuerzos de la posguerra para impedir
la guerra nuclear. Pero éstas no fueron las únicas
acciones de un científico arrastrado al mundo de la
política. La vida de Einstein estuvo de hecho, utilizando
sus propias palabras, «dividida entre la política
y las ecuaciones».
La primera actividad política de Einstein tuvo lugar
durante la primera guerra mundial, cuando era profesor en
Berlín. Asqueado por lo que entendía como un
despilfarro de vidas humanas, se sumó a las manifestaciones
antibélicas. Su defensa de la desobediencia civil y
su aliento público para que la gente rechazase el servicio
militar obligatorio no le granjearon las simpatías
de sus colegas. Luego, después de la guerra, dirigió
sus esfuerzos hacia la reconciliación y la mejora de
las relaciones internacionales. Esto tampoco le hizo popular,
y pronto sus actitudes políticas le hicieron difícil
el poder visitar los Estados Unidos, incluso para dar conferencias.
La segunda gran causa de Einstein fue el sionismo. Aunque
era de ascendencia judía, Einstein rechazó la
idea bíblica de Dios. Sin embargo, al advertir cómo
crecía el antisemitismo, tanto antes como durante la
primera guerra mundial, se identificó gradualmente
con la comunidad judía, y, más tarde, se hizo
abierto partidario del sionismo. Una vez más la impopularidad
no le impidió hablar de sus ideas. Sus teorías
fueron atacadas; se fundó incluso una organización
anti-Einstein. Un hombre fue condenado por incitar a otros
a asesinar a Einstein (y multado sólo con seis dólares).
Pero Einstein era flemático: cuando se publicó
un libro titulado 100 autores en contra de Einstein,
él replicó, «¡Si yo estuviese equivocado,
uno solo habría sido suficiente!».
En 1933, Hitler llegó al poder. Einstein estaba en
América, y declaró que no regresaría
a Alemania. Luego, mientras la milicia nazi invadía
su casa y confiscaba su cuenta bancaria, un periódico
de Berlín desplegó en titulares, «Buenas
noticias de Einstein: no vuelve». Ante la amenaza nazi,
Einstein renunció al pacifismo, y, finalmente, temiendo
que los científicos alemanes construyesen una bomba
nuclear, propuso que los Estados Unidos fabricasen la suya.
Pero, incluso antes de que estallara la primera bomba atómica
advertía públicamente sobre los peligros de
la guerra nuclear y proponía el control internacional
de las armas atómicas.
Durante toda su vida, los esfuerzos de Einstein por la paz
probablemente no lograron nada duradero, y, ciertamente, le
hicieron ganar pocos amigos. Su elocuente apoyo a la causa
sionista, sin embargo, fue debidamente reconocido en 1952,
cuando le fue ofrecida la presidencia de Israel. Él
rehusó, diciendo que creía que era demasiado
ingenuo para la política. Pero tal vez su verdadera
razón era diferente: utilizando de nuevo sus palabras,
«las ecuaciones son más importantes para mí,
porque la política es para el presente, pero una ecuación
es algo para la eternidad».
Fuente: Stephen W. Hawking. Historia del Tiempo.
Barcelona: Editorial Crítica, 1988. |
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| Mendoza, Argentina, 28 de Marzo de 2005. |
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