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Descubrir el cielo nocturno
Andrés Alonso López (*)
Descubrir el cielo nocturnol ser humano desde siempre ha sentido una profunda admiración por el cielo nocturno. Es algo propio de nuestra especie el conocer, por lo que, movidos por la curiosidad y el afán de explicarlo todo, se han dado a lo largo de la historia multitud de hipótesis e interpretaciones a los fenómenos que se observaban noche tras noche. Unas, abrieron un camino hacia la verdad; otras, acertaron de pleno; otras tantas, incluso fueron fuente de veneración... Lo cierto es que nos hemos aferrado a las estrellas. Y aquí estamos, pues, en los inicios del siglo XXI, enviando sondas e ingenios a otros mundos para tratar de satisfacer esa propensión innata, esa búsqueda incansable de vida. Criaturas sociales somos...

Desde un punto de vista más modesto, la mayoría de nosotros nos contentamos con observar el firmamento por mero goce estético. Es bonito conocer lo que nos rodea, pero aún más bonito es contemplarlo. Miles de millones de personas viven ajenas a todo esto. Y es que, el buen astrónomo, no nace sino de una casualidad. Nosotros, los aficionados a esta bella ciencia, somos ovejas negras dentro de un rebaño, somos escasos (muy escasos). A veces incluso puede que la gente lo tome a uno por lunático. No sufra; piense que, simplemente, no todo el mundo posee su sensibilidad.

Todo astrónomo aficionado sigue un patrón común a lo largo de sus primeros comienzos. Es por ello que el propósito principal de este artículo no es otro sino tratar de guiarlo para que sepa andar con buen paso por la difícil senda del aprendizaje.

Cuando uno se siente atraído en cierta medida por el Cosmos, lo normal es preguntarse por dónde seguir. La respuesta es: aumentar sus conocimientos, combatir la ignorancia. Casi igual de importante es tratar de olvidarse de los saberes populares. Así, cuando usted sepa que una estrella que brilla mucho y no parpadea como las demás, es un planeta y no "un lucero" o cuando sienta que no tiene nada que temer ante un cometa, sino mucho de qué alegrarse o cuando comprenda que una estrella fugaz no es "una estrella que muere", alégrese, pues está yendo por buen camino. Es, por tanto, una necesidad tener que recurrir a la lectura. Y no dude que en el mercado hay muchos y muy buenos libros orientados a la gente que, como usted, se inicia en la astronomía. Acérquese a la biblioteca de su ciudad y pregunte por la sección de ciencias o bien ojee en una buena librería; seguro que encontrará algo a su medida. Otra buena e inmensa fuente es Internet. Escriba en cualquier buscador los campos "iniciación astronomía" o, simplemente, "astronomía" y se sorprenderá. Además, existen en la red varios portales sobre el tema donde unos aficionados plantean preguntas y otros les contestan en la medida de lo posible. Me refiero a las secciones de "Foros". Uno siempre puede hacer el papel de lector, pero si lo que pretende es preguntar algo en concreto, debe primero registrarse (lo cual, ni es difícil, ni cuesta dinero).

Pronto comprenderá muchas cosas de cuya existencia ni se había preocupado y, si se siente preparado, ya le habrán entrado los primeros síntomas de "la fiebre estelar". De pronto, parece como si quisiera aprender a identificar objetos en el cielo. Esas galaxias, esos cúmulos, esas nebulosas de las que algo ya ha leído, ¿dónde están?. Y se dirá entre sí: "A que me compro un telescopio... Mañana voy a ir a esa óptica en la que vi uno muy bonito. Voy a ir a preguntar cuánto vale...". ¡Chttt, chttt...!. Paciencia, amigo lector, la casa no se empieza por el tejado. Lo que debe de hacer ahora es tratar de hacerse con un buen atlas del cielo e ir poco a poco identificando y "descubriendo" las constelaciones, ya que esa será una base que le servirá toda la vida para buscar objetos menores. Debe aprender a orientarse en el cielo nocturno. ¿Cómo buscar la nebulosa de Orión o la Galaxia de Andrómeda si no sabe dónde están las constelaciones a las que pertenecen?. Sería como buscar una aguja en un pajar...

Si ha seguido mi consejo y ha ojeado algún libro sobre iniciación a la astronomía, es muy probable que ya haya encontrado alguna especie de cartografía del cielo con las constelaciones dibujadas. Es precisamente por esta calidad de dibujo por lo que no suele valer para conocer el cielo. Podría servir a modo de pequeña orientación, pero para que le sea realmente útil y no lo líe más de lo que ya estará, debe buscar una en la que aparezcan una especie de líneas verticales y horizontales, que forman una cuadrícula al cortarse. Éstas son las líneas que delimitan las coordenadas denominadas ecuatoriales, imprescindibles para conocer la localización exacta de cualquier astro en el cielo (al igual que al buscar en un mapa terrestre qué hay en Latitud N 36º 49' 58" / Longitud W -2º 27' comprobamos que hemos dado con Almería, en España). De todas formas no se preocupe por los números, saber esto no le es imprescindible por ahora. Es simplemente cuestión de que las cartas que aparecen con coordenadas ecuatoriales suelen ser más precisas y las estrellas aparecen en el mapa con su posición real (no simplemente dibujando la forma de la constelación y ya está). Éstas suelen venir divididas en sectores del cielo y, por lo general, con ellas se pueden identificar estrellas hasta la magnitud 6 (que es el brillo mínimo que nuestro ojo puede percibir teóricamente sin ayuda de ningún instrumento óptico, en condiciones excelentes de oscuridad y de adaptación de la pupila). Así que para empezar hay suficiente.

El primer problema que nos sobreviene al tratar de buscar una constelación mediante un mapa celeste es siempre el mismo: ¿por dónde empiezo?. Es cierto, pues al principio todo nos parece puntos dispares, sin asociación de ningún tipo. Yo aconsejaría comenzar a explorar el cielo desde un lugar con una contaminación lumínica moderada (por ejemplo, desde el interior de un pueblo de aproximadamente 1000 habitantes), pero no desde uno muy oscuro, ya que la gran cantidad de estrellas visibles nos pueden confundir y de lo que se trata ahora es de identificar las estrellas más brillantes que forman la constelación. En verdad, son éstas las que a uno nunca se le olvidan y las que hacen que recordemos la forma que tiene la constelación. El resto, menos brillantes, aunque igual de importantes, físicamente hablando, siempre nos parecerán un simple relleno. Además, aspirar a ver las menos brillantes requiere un esfuerzo mayor, pues tenemos que acostumbrar la vista a la oscuridad para que la pupila se dilate al máximo, a la vez que consultar nuestro mapa con una linterna que emita luz roja (ya que si es blanca, disminuirá la pupila del ojo para adaptarse a la luz y, al apagarla, tendremos que esperar otro largo rato hasta que consigamos adaptarla de nuevo a la oscuridad). Para este fin, se puede pintar la bombilla de la linterna con un par de buenas capas de esmalte de uñas rojo o, más fácil aún, ponerle a la linterna plástico de celofán de color rojo intenso.

Saber por dónde empezar es más una cuestión personal que de manual. Cada uno trata de buscar algo que tenga una forma fácil de recordar y luego intenta localizarlo en el mapa, no al contrario. Por ejemplo, la mayoría de la gente conoce de oídas la constelación de la Osa Mayor, que tiene forma de carro o de cazo. Pues se identifica en el cielo y acto seguido se busca en un mapa. Le puede ayudar saber que está en dirección norte (use una brújula si le resulta muy complicado). Quizá le haya costado mucho dar con ella, pero sepa que, una vez encontrada, ya todo será más fácil, pues tomando estas estrellas como referencia, simplemente tendremos que transponer distancias del papel al cielo y así, una por una, iremos descubriendo todas las estrellas que forman las constelaciones. Desde la Osa Mayor podríamos partir a la Osa Menor, en cuyo extremo de "la cola" brilla la estrella polar, la que nunca se mueve. Dicha estrella marca el norte casi exactamente y es por ello por lo que ha servido para orientarse durante tantos siglos, sobre todo a los marinos (eso es lo que la hace tan interesante). Ya desde ahí podríamos identificar a Casiopea, Cefeo, Perseo, el Dragón (aunque sólo sea "la cabeza"), etc. Es importante comenzar por el norte, puesto que las constelaciones que ahí se encuentran son visibles prácticamente a lo largo de todo el año, mientras que el resto sólo se ven por temporadas (más cortas cuanto más al sur se encuentren). Por ello no es muy aconsejable empezar reconociendo, por ejemplo, a Escorpio, Sagitario y otras típicas constelaciones estivales que, pese a su belleza, nos pueden dejar tirados cuando menos nos lo esperemos, si es que no somos muy asiduos con nuestras búsquedas.

Descubrir el cielo nocturno
Otros preferirán comenzar por la constelación de Orión, majestuoso emblema de las noches invernales y de principios de primavera, así como de nuestra Asociación, a la que da nombre. Representa a un cazador mitológico ataviado con una espada, un arco y una maza. Ésta nos servirá para identificar la constelación de la Liebre, justo a sus pies y desde ahí también podemos partir hacia el este hasta dar con el Can Menor y el Can Mayor (importante ésta última, pues contiene a Sirius, la estrella más brillante del firmamento, después de nuestro Sol). He aquí un curioso ejemplo de emparejamiento en el cielo, bastante común, por cierto. Dicha tríada muestra al cazador Orión que, como es de suponer, persigue a una liebre, acompañado por sus dos perros de caza. En verdad, el cielo está lleno de sorpresas. Si vale mi experiencia, cabe decir que yo empecé por Tauro, pues hay una alineación de estrellas en forma de V bastantes llamativas, las cuales representan la cabeza del toro que raptó a Europa.

Desde ahí ya encontré las Pléyades, Pegaso, Piscis, Andrómeda, etc., y desde aquí, en el transcurso de un año, todas las demás (excepto las que sólo se pueden observar desde el hemisferio sur, claro está). Como se puede ver, todo es cuestión de tiempo, de paciencia y, lo más importante, de ganas.

Puede que después de esto se sienta muy animado y cada vez más enganchado a la astronomía-hobbie. Pero en el fondo de su ser se siente un incomprendido y se pregunta qué hacer ahora, hacia dónde dar el siguiente paso. Seguramente le ha entrado la necesidad de contactar a alguien que, como usted, sienta la misma afición. Alguien quien le enseñe y le aconseje o alguien con quién aprender al mismo ritmo. Puede que por el camino haya tratado de aleccionar a algún amigo para que comparta su mismo interés.
Pero he de avisarle: es muy poco el porcentaje de amigos que se convierten a su fe, por no decir nulo. Alguno tal vez se interesa de primeras, pero en cuanto lo saca a la calle y le entra frío... se acabó el interés. Ya le digo, somos un género en extinción. No desespere; tal vez sea por este hecho que tendemos a unirnos en asociaciones y/o agrupaciones con el objetivo de darnos apoyo mutuo y de contrastar los resultados que arrojan nuestras observaciones individuales. Es frecuente también organizar salidas en grupos a sitios oscuros y de montaña en los que a menudo nos acompañan no-iniciados. Y es que una de las principales tareas que nos ocupa es la de asesorar y, en cierto modo, formar a toda aquella persona de a pie que muestre un vago interés por la astronomía. Sólo hace falta
una cierta dosis de curiosidad; de lo demás ya nos encargamos nosotros.

Y bien, usted pensará que va a hacer el ridículo frente a gente tan experta. Le contesto: ni por asomo; esto no es una competición, no es la vida del ajetreado ejecutivo, ni la de un opositor. Al único que ha de superar es a usted mismo. Y no dude que también hallará su hueco cuando se vea enseñando constelaciones a gente que sabe menos que usted (porque la hay). Al fin y al cabo ya ha practicado mucho con el mapa y la linterna... ¿O no?. Y su autoestima irá creciendo y creciendo... En la página web de cualquier agrupación astronómica encontrará un directorio con las direcciones y teléfonos de prácticamente todas las que existen en el país. Tal vez lo que encuentre son enlaces que le llevan directamente a sus webs. Mejor aún, úselos y podrá conocerlas de antemano, ver cómo trabajan e informarse sobre las actividades que hay planificadas. Póngase en contacto con la más cercana y acuda regularmente a sus reuniones. Hay al menos una en todas las provincias, más aún si vive en las ciudades más importantes del país. Los catalanes, por poner un ejemplo, tienen mucha tradición en esto. A nivel nacional, las Asoc. Astronómica de Sabadell, la de Madrid, la de Málaga y la ASTER (Barcelona) son, hoy por hoy, las más activas.

Descubrir el cielo nocturno
Tras algún tiempo de leer sobre el tema, de ver fotos espectaculares y de explorar el cielo en busca de estrellas y constelaciones, es normal que a usted le pique el gusanillo y quiera tener un instrumento que le permita amplificar el poder de su vista para ver más allá. Llegado este punto, nada mejor que unos buenos prismáticos. Son fáciles de usar, versátiles y suelen dar muchas satisfacciones. Eso sí, para aprovechar todo su potencial ha de irse a un cielo lo más oscuro posible. Una cosa a tener muy en cuenta a la hora de elegir un par de binoculares es la abertura, es decir, el diámetro de las lentes principales. A mayor abertura, más débiles serán los objetos que podrá percibir al usarlos. En el mercado podemos encontrar aberturas de entre 25mm. (gemelos de teatro) hasta 150mm. (binoculares gigantes). No obstante, no se recomiendan unos prismáticos para uso astronómico si el tamaño de sus lentes es inferior a 50 mm, ya que la cantidad de luz que recogen no suele ser mucha. Del mismo modo, unos de más de 70 mm le pueden resultar un tanto pesados y menos manejables, a la vez que necesitar un trípode fijo. Se ha de tener en cuenta que el trípode asegura una estabilidad absoluta de la imagen, evitando vibraciones producidas por la mano, pero a costa de sacrificar la movilidad. Todo es cuestión de gustos. Para mí, entender unos de 50 mm serían suficientes en un principio para obtener unas preciosas vistas de la Vía Láctea y de multitud de cúmulos y nebulosas. Aberturas mayores implican un desembolso que puede ir de considerable a desorbitado. Ciertamente, nunca se recomienda a un debutante que llegue a estos extremos a menos que se quiera especializar en campos determinados como la búsqueda de cometas.

Pienso que con todo esto, aún sin profundizar en demasía (por evitar la complejidad que puede suponer hablar de sistemas ópticos y de telescopios), ya tendrá una base que por lo menos le ayudará a saber manejarse por los senderos de la astronomía a nivel de aficionado. Espero que disfrute mucho en su búsqueda y que se emocione tanto como más de uno, entre ellos yo, nos hemos emocionado durante esa fase inicial.

(*) Miembro de la Asociación Astronómica y Cultural ORIÓN de Almería (España).
 
Almería, España, 22 de Mayo de 2004.
 
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