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HD 209458 b; ¿un exoplaneta con agua?
Jesús Salvador Giner
Si hay un planeta fuera de nuestro Sistema Solar que nos brinda innumerables primicias astronómicas es el que orbita a la estrella
HD 209458, situada en la constelación de Pegaso. Desde su descubrimiento, en 1999, este caliente mundo tipo Júpiter no ha dejado de sorprender; la última noticia apunta a que en su atmósfera hay vapor de agua. Aunque aún es una posibilidad, no una certeza, tal hipótesis podría ser el primer paso para considerar que el agua, en cualquiera de sus tres estados físicos, sea un elemento mucho más abundante en el Cosmos de lo que se pensaba hasta ahora.
a estrella HD 209458 es un astro de magnitud 7,6 anclado prácticamente a mitad de camino entre beta y epsilon Pegasi (figura 1). No resulta visible a simple vista y sólo con prismáticos es posible distinguirla entre muchas otras similares a ella en la región central de la constelación de Pegaso. Sin embargo, HD 209458 es un astro especial, y no sólo porque alberga en sus dominios un planeta singularmente interesante, sino también porque se trata de una estrella muy parecida a nuestro Sol: si existe, al menos, un planeta gigante en sus proximidades, cabe que haya otros mundos menos masivos, quizá alguna ‘tierra’ oculta aún a nuestros telescopios, que bien podría constituir un planeta apto para la vida. Sin embargo, todo esto son sólo suposiciones. Tal vez en el futuro descubramos dichos mundos, pero en la actualidad únicamente sabemos de la existencia de un planeta gigante, y a él nos vamos a referir en las próximas líneas.
HD 209458
Figura 1: mapa a gran escala de la situación de la estrella HD 209458. (Cartes du Ciel)
La estrella HD 209458 (figura 2) se halla a una distancia relativamente corta de la Tierra: tan sólo 153 años luz. Su tipo espectral, G0V, nos indica que estamos ante un astro muy similar al Sol (cuyo tipo espectral es G2V), con una temperatura superficial que ronda los 6.000 grados Kelvin. Con una masa prácticamente idéntica a la del Sol (1,05 veces la de nuestra estrella) y unas dimensiones ligeramente superiores (1,3 radios solares), su edad es, tal vez, algo menor que la del Sol; quizá no tenga más de 4.500 millones de años. Algunos datos curiosos nos dicen que la zona de habitabilidad1 de HD 209458 abarcaría una distancia entre 0,7 y 2,18 Unidades Astronómicas, es decir, algo mayor que la de nuestro sistema planetario. Además, estiman un lapso de tiempo durante el cual la vida puede permanecer activa de unos 8.600 millones de años.
HD 209458
Figura 2: imagen de HD 209458, distante 153 años luz de la Tierra, obtenida por el proyecto DSS2. En sus dominios, invisible en esta fotografía, gira, al menos, un planeta gigante tipo Júpiter. Y puede que haya otros más pequeños, similares al nuestro. (DSS2-POSSII)
Hasta finales del siglo pasado HD 209458 no era más que otra estrella de la constelación de Pegaso, con la única singularidad, si acaso, de poseer un espectro bastante parecido al solar. Hacia esa época los astrónomos habían empezado a utilizar un método nuevo en la casi recién estrenada búsqueda de planetas fuera de nuestro Sistema Solar. Consistía en realizar medidas muy precisas de las estrellas con el fin de observar pequeñas variaciones de su brillo, que podría deberse a la presencia de eventuales planetas que transitaran sobre el disco de la estrella en ese momento. El mayor inconveniente de este método era que se requería que la órbita del hipotético planeta estuviese inclinada de tal modo que circulara exactamente entre nuestro mundo y su estrella madre. De hacerlo en órbitas ligeramente distintas, el planeta no transitaría nunca sobre el disco de la estrella y resultaría imposible detectarlo.

Hasta 1999 los astrónomos no habían logrado ningún éxito con este procedimiento. Sin embargo, los días 9 y 16 de septiembre de ese año el equipo formado por David Charbonneau, un astrónomo del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics (EE.UU.) consiguió medir en HD 209458 una disminución de su brillo del 1.7%. Casi simultáneamente, el 8 de ese mismo mes, otro grupo de científicos liderados por Gregory W. Henry, de la Tennessee University (EE.UU.), obtenían a su vez una reducción del brillo de la estrella del 1,5%, calculando que cada tránsito del planeta por el rostro de HD 209458 duraba aproximadamente tres horas (figura 3).
Curva de velocidad radial de la estrella HD 209458
Figura 3: gráfico con la curva de velocidad radial de la estrella HD 209458. Su oscilación revela la existencia de un cuerpo masivo en sus proximidades. (Brown, 1999)
La explicación más plausible para tal disminución brusca del brillo de la estrella (más allá del hecho de tener en cuenta que HD 2109458 es un astro variable, catalogado como V 376 Peg) es suponer que en sus inmediaciones se halla un planeta, bastante importante en cuanto a dimensiones, cuya órbita casualmente está situada de forma que transita entre HD 209458 y nuestra línea de visión. Así fue como acabó aceptándose que en torno a esa estrella giraba un nuevo mundo, cuya denominación oficial es HD 209458 B2. Este planeta fue, pues, el primero en ser localizado por medio del procedimiento de los tránsitos. Algunas de las características principales tanto de la estrella principal como del planeta pueden verse en la tabla 1. Lo más destacable respecto al planeta son los valores de sus dimensiones y masa, algo mayores y menores respectivamente en relación a nuestro Júpiter, así como el de la temperatura, que alcanza los 1.100 grados Kelvin (más de 800 grados centígrados) debido a la extremada cercanía del planeta en relación a su estrella (sólo 0,045 UA’s; Mercurio, el planeta más cercano al Sol, está a 0,37 Unidades Astronómicas del Sol, casi diez veces más). Su periodo de traslación es cortísimo, de tan sólo 3,53 días (el de Mercurio, 88 días). Por este motivo, un planeta como HD 209458 B se llama también un Júpiter caliente.
Tabla 1: características principales de HD 209458 y su planeta gigante. (Wikipedia)
Un dato notable es el que ha logrado el telescopio canadiense MOST (Microvariability and Oscillations of STars telescope), lanzado en 2003, permitiendo conocer que el albedo3 de
HD 209458 B es sólo del 30%. Júpiter tiene un albedo mucho mayor, del 52%, lo cual sugiere que aquel es un mundo bastante oscuro y es posible incluso que, al contrario que los planetas gigantes del Sistema Solar, no esté completamente envuelto por una atmósfera densa. Seguramente estar tan cerca de su estrella guarde alguna relación con ello... , como veremos.
 
1Región en torno a una estrella en la que las condiciones para la vida son las adecuadas. En el caso de nuestro Sistema Solar, dicha zona abarcaría justo el límite entre la posición de Venus y la de Marte, englobando por tanto, y tan sólo, los contornos próximos a la Tierra. No obstante, también es posible que la vida se desarrolle en otros ambientes fuera de la zona de habitabilidad; por ejemplo, Europa, un satélite de Júpiter, situado muchos cientos de millones de kilómetros fuera de su límite exterior, es un candidato idóneo para la presencia de vida bajo su gruesa capa de hielo superficial, aunque esté mucho más allá del límite superior de la zona de habitabilidad.

2
Pese a que sus descubridores han bautizado al planeta como Osiris, el dios egipcio a quien su hermano despedazó y que luego fue revivido por su esposa (y hermana) Isis, aún no hay confirmación definitiva de la UAI sobre este asunto.

3
La relación entre la intensidad de la luz incidente y la reflejada por parte de un cuerpo celeste que no emite luz propia. Un objeto con albedo 1 significa que refleja toda la luz incidente, y uno con albedo 0 que no refleja ninguna. La Tierra tiene un albedo de 0,37, y Venus, el planeta con mayor albedo del Sistema Solar, de 0,65. En general, un cuerpo con una cobertura nubosa tiene el albedo alto, mientras que aquellos que no disponen de atmósfera son cuerpos oscuros, de albedo muy bajo (caso de la Luna, por ejemplo, con un albedo de sólo 0,08).
 
 
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